La noticia llama la atención porque toca una de las preguntas más antiguas y decisivas del ser humano: qué razones pueden llevar a alguien que negaba la existencia de Dios a reconocerla públicamente.
Por P. Fernando Pascual
Si un ateo famoso declara que ha empezado a creer en Dios, surge en muchos la pregunta: ¿por qué ha dejado esa persona de ser atea? ¿Qué le ha llevado a aceptar que exista un Dios?
Ante esa pregunta, a veces encontramos un argumento sobre el que vale la pena reflexionar: seguramente ese ateo famoso no está en su mejor momento, o se ha dejado engañar, o ha perdido facultades mentales.
Quienes formulan análisis de ese tipo suponen que una persona inteligente y en plena salud estaría orientada a ser atea, y que si abandona su ateísmo es porque ha perdido facultades mentales.
Pensar lo anterior implica suponer que los creyentes son personas menos inteligentes, y que afirmar la existencia de Dios es propio de quienes tienen pocas luces intelectuales o alguna enfermedad psíquica.
Se puede responder a este tipo de ideas con el hecho de que personas muy inteligentes han creído y creen en Dios, mientras otras personas con menos cualidades intelectuales son ateas o, al menos, agnósticas.
Lo que cualquier persona piensa sobre la existencia, o sobre la no existencia, de Dios, depende de muchos factores. Los razonamientos intelectuales tienen su peso, pero suele ocurrir que un razonamiento no bien llevado puede llevar a algunos a creer y a otros a no creer.
Cuando escuchamos que alguien ha dejado de ser ateo, lo importante es confrontarnos con los argumentos que ofrezca para explicar por qué ha cambiado de idea, qué le puede haber llevado desde la negación de Dios a la afirmación de su existencia.
Luego, cada uno puede evaluar esos argumentos, para asumir aquellos que puedan ser mejores, y para dejar a un lado los que no sean claros o, incluso, los que puedan ser erróneos.
El tema sobre la existencia de Dios ocupa un lugar importante en la historia del pensamiento humano. Vale la pena afrontarlo de la mejor manera posible, con el deseo sincero de avanzar, aunque sea un poco, hacia verdades que permitan comprender lo que se refiere a la existencia de un Ser que explique y dé sentido al universo y a la vida de cada persona concreta.
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