En una reflexión sobre conversión y esperanza, el sacerdote y escritor Fernando Pascual recuerda que los errores no definen a la persona: la gracia de Dios abre caminos para sanar, cambiar y recomenzar siempre.
Por P. Fernando Pascual
Cometemos pecados e injusticias, errores y descuidos. El pasado queda fijo, en nuestra memoria y en quienes saben nuestra historia.
A veces nos sentimos prisioneros de ese pasado. Algunos llegan a ser también prisioneros, presos, tras una sentencia de cárcel o en condenas digitales de internautas que crucifican sin piedad.
Pero cada uno de nosotros es mucho más que su pasado. El cambio es una posibilidad para todos. Especialmente ese cambio radical, profundo, único, que se llama conversión y que es posible con la ayuda de la gracia de Dios.
Al visitar a un grupo de presos de una cárcel de Barcelona, hombres y mujeres, el Papa León XIV quiso recordarles esa posibilidad:
“Aunque el agobio y la tristeza marquen algunos momentos de vuestro camino, recordad que los errores de la vida no determinan la identidad de una persona. (…) Si confiamos en la gracia divina y nos dejamos guiar y transformar por ella, descubrimos cómo en nuestra vida el pasado no condena el futuro, sino que nos ofrece la posibilidad de cambiar nuestras decisiones y elecciones” (Papa León XIV, Centro Penitenciario Brians 1, Barcelona, 10 de junio de 2026).
Dios actúa siempre y nos invita a la esperanza. El Papa añadía en el discurso antes citado: “Hoy, Él (Dios) continúa hablándonos en lo profundo de nuestras conciencias para hacernos descubrir que tiene su morada en medio de nosotros. Solo espera que le demos una oportunidad”.
Darle una oportunidad a Dios… En el fondo, es Dios quien siempre nos da una oportunidad, porque nuestra vida inició gracias a su infinito amor, y todos podemos cambiar porque su amor es eterno y fiel.
El Papa continuaba con estas palabras su diálogo con los presos de la cárcel:
“¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor! El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar”
Dios, hoy, actúa. Dios, hoy, me sueña mejor. Si me dejo envolver por su amor, por su sueño sobre mí, se hará realidad un plan maravilloso de conversión, donde Él curará mis heridas más íntimas y donde aprenderé a amar porque antes habré descubierto que soy amado por mi Padre de los cielos.
Imagen de Vilius Kukanauskas en Pixabay

