Ante una sociedad herida por agravios y violencia, el perdón se presenta como una respuesta urgente para reconstruir la paz.

Por P. Prisciliano Hernández Chávez, CORC.

Qué difícil es perdonar ante una ofensa, una injusticia o una traición. Pero la enseñanza de Jesús es clara; no tiene alternativa: perdonar hasta setenta veces siete, es decir siempre (Mt 18, 21-35).

Si Dios nos perdona, tenemos que perdonar siempre a quien nos ofende, si seguimos la enseñanza y el ejemplo de Jesús, que perdonó incluso ante el juicio y su condena injustas ajusticiado en la Cruz: ‘Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen’.

No solo Dios nos perdona si perdonamos, sino se genera en el interior una gran paz y tranquilidad. Ya Henri Lacordaire sentencia: ‘¿Quieres ser feliz un momento? Véngate. ¿Quieres ser feliz siempre? Perdona’.

Este es el camino para evitar el mal. Solo así se elimina la espiral de la violencia, imparable en las venganzas ‘del ojo por ojo y diente por diente’, la ley llamada del talión.

El seguidor de Jesús ha de seguir sus pasos, superando el mal con la sobreabundancia del bien. Por supuesto esto no solo debe entenderse en el nivel individual, sino debe tener su traducción familiar y social; supuesta la justicia y el necesario arrepentimiento, por bien del agresor.

No olvidemos que incluso los culpables, tienen necesidad de ser amados. Pudiera ser que su comportamiento es expresión de los maltratos recibidos. Son muchas veces expresión de resentimientos acumulados.

No se puede actuar con represalias, con odio o venganzas.

No se puede adoptar el comportamiento de la revancha.

Jesús nos invita a buscar siempre la fraternidad y la comunión entre hermanos, los humanos.

El perdón tiene valor incuestionable en la psicoterapia; por eso incluso, no se puede arrinconar al ámbito estrictamente religioso.

Hemos de perdonar de corazón, como Jesús nos enseña en el evangelio del perdón.

Hemos de superar los conflictos familiares y de grupo por el perdón, superando humillaciones engaños e infidelidades.

La antítesis de la venganza es el perdón ante las ofensas, agresiones e injusticias sufridas.

Quien vive sumergido en el amor misericordioso de Dios, le brota espontáneo el perdón.

 
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