En este artículo, Martha Morales reflexiona sobre la búsqueda del sentido de la vida, la felicidad y la relación del ser humano con Dios.
Por Martha Morales
Homero dijo que el hombre abre su alma para recibir a Dios, como abren sus picos los polluelos hambrientos al acercarse su madre.
El Señor quisiera que le hiciéramos esta petición: “¡Dios, si existes, que yo te conozca!”. Y así entraremos en el verdadero Camino, porque Él se manifestará abiertamente, si ve sinceridad de nuestra parte.
Algunos jóvenes tienen una vida afectiva deteriorada; han sufrido el desamor, la desilusión. En Jesús tienen al Médico, sólo él puede curar esas heridas. ¿Y cómo sanarán? En las adoraciones eucarísticas, al buscar a Dios en el sagrario, en la confesión de sus pecados. Dios puede hacer las curaciones más difíciles. El médico del alma quiere sanarte. En Él tendrás al padre, al hermano, al amigo verdadero. De Él recibirás el consuelo y el amor que ellos te negaron. Olvidarás también todo rencor y toda ira.
Las personas sin fe se meten en honduras dolorosas y se desprecian y se matan a sí mismos. Lo que están haciendo con esos comportamientos es matarse a sí mismos, porque no les gusta la vida, porque desean morir, y dejar esta existencia tan dolorosa y tan sin sentido para ellos.
La esclavitud del sexo es la peor de las esclavitudes. Hemos dejado que la humanidad se esclavice en masa, unos a otros con esta esclavitud aberrante. Hay que escudriñar nuestra alma y sacar lo podrido, para llegar a ser un Hombre Nuevo. Nunca como ahora la mujer se ha visto inmersa en más esclavitud, y ha creído que se encuentra liberada. Es la esclavitud del sexo, de las modas, del estatus social, de la belleza y la juventud.
“Me preguntas porqué compro arroz y flores. Compro arroz para vivir y flores para tener algo por lo que vivir”, escribía Confucio. Necesitamos cosas bellas y divertidas, pero la vida también conlleva sufrimientos. Por eso la pregunta sobre Dios y el sentido de la vida es universal. Cuando Aristóteles decía que “el fin está en el principio” está dando la clave a la interrogación por el sentido de la vida, porque el fin, lo que me mueve a obrar se da en todo momento de mi ser, de mi existir.
Únicamente construyendo el presente con vistas al futuro podré mirar en un futuro que mi presente, ya pasado, tuvo su sentido. Por tanto, la pregunta clave no es ¿qué sentido tiene mi vida? Sino ¿qué he hecho o estoy haciendo yo para que mi vida tenga sentido? Este matiz no es trivial, pues la respuesta por el sentido de la vida, de mi vida, está por hacer porque mi sentido lo voy forjando en mi existir.
Es cierto que todos buscamos una vida lograda, todos buscamos la felicidad y este es nuestro fin. En efecto, la felicidad es el propósito de nuestra existencia y dicho propósito se nos ha dado, lo anhelamos de continuo. Ahora bien, lo que no se nos ha dado es cómo, el forjarnos nuestra vida, el construir la felicidad de cada existencia personal. En última instancia, vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna a cada uno. Por tanto, no es que la vida en sí tenga un sentido y yo tenga que encontrarlo, sino que mi vida tiene para mí un sentido propio que viene dado con mi vivir, con mi existencia en el tiempo, lugar, y circunstancias que me rodean.
¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? Son preguntas que la Biblia contesta. En el principio Dios crea al hombre para comunicarle su naturaleza divina y hacerlo partícipe de su vida bienaventurada. Es el proyecto original de Dios, un proyecto en el que no había muerte ni dolor ni desastres naturales, había un orden perfecto. Y aquellos primeros padres eran muy felices, y su felicidad provenía de su amistad con Dios.
Hoy vemos muchas desgracias, crímenes, injusticias. No era así al principio. El plan de Dios vino a ser trastocado por el pecado. El hombre, tentado por el diablo, dejó morir en su corazón la confianza hacia su Creador, y abusando de su libertad desobedeció al mandato de Dios, en esto consistió el pecado original. En adelante todo pecado será una desobediencia a Dios y una falta de confianza en su bondad.
Blas Pascal -matemático, físico y filósofo francés- sólo concebía dos tipos de personas inteligentes: Las que aman a Dios de todo corazón porque le conocen, y las que le buscan de todo corazón porque no le conocen.
En una vida donde no cabe Dios, no lograrán jamás ser felices. Caerán en una u otra esclavitud. El tiempo es breve y se acaba. Nuestro mundo se encuentra inmerso en una negación abierta a los planes de Dios sobre el hombre. Es una guerra a su Espíritu Santo.
Una unión sexual ocasional sólo conduce a la derrota y al hastío. No manifiesta nada de la verdad sobre el hombre mismo y le incapacita para encontrarse consigo mismo y con Dios.
Hay que pensar a menudo en la muerte, la otra vida nos espera, la otra es la Verdadera Vida. Así, todos los padecimientos de esta vida se nos harán breves, porque entonces veremos la Verdad cara a cara.
Imagen de Hoàng Anh Vũ en Pixabay

