Las emociones y los prejuicios pueden alterar el diálogo y dificultar la búsqueda serena de la verdad.
Por P. Fernando Pascual
Discutimos porque hay diferentes puntos de vista sobre asuntos teóricos, o sobre asuntos prácticos, o sobre temas de actualidad, o sobre deportes, o sobre una larga lista de argumentos.
En las discusiones suelen producirse interferencias emocionales que hacen difícil un sereno desarrollo y confrontación de los argumentos. Ello ocurre cuando los que discuten tienen entre sí algún conflicto, o tienen prejuicios que se mezclan con las ideas.
Así, cuando en una familia dos hermanos discuten sobre política, si tienen cierta enemistad por temas de herencia, será fácil que al hablar las emociones hagan difícil la escucha del otro o la exposición ordenada del propio punto de vista.
Las interferencias emocionales se producen no solo cuando inicia una discusión, sino que entran en juego al escuchar noticias, al leer un libro, al observar cómo actúan otros en el trabajo o en la calle.
Esas interferencias reflejan un aspecto humano que nunca podremos eliminar: no somos inteligencias puras, sino que pensamos y decidimos desde las experiencias acumuladas a lo largo del tiempo.
En esas experiencias hay encuentros que nos han llenado de satisfacción y han promovido cierta simpatía hacia muchas personas. Hay también desencuentros, conflictos, incluso heridas, que dificultan las relaciones con otras personas, hasta llegar a sentir hacia ellas una hostilidad que distorsiona la mente y el corazón.
Tomar conciencia de nuestros prejuicios afectivos (de simpatía y de antipatía) puede ayudarnos a no dejarnos arrastrar por ellos y a centrarnos, cuando empieza una discusión, en los argumentos.
No será fácil, pues no discutimos con seres puramente racionales, sino con personas concretas. Pero al menos intentaremos que ciertas emociones y prejuicios no nos cieguen, y así será posible adoptar la mejor disposición a la hora de escuchar y de hablar sobre temas en los que, sinceramente, queremos acercarnos poco a poco hacia la verdad, sea quien sea el que esté más cerca de ella.

