En medio de los festejos patrios, la voz del Episcopado Mexicano pone el acento en las deudas pendientes del país: violencia, desaparecidos, impunidad y una libertad que aún exige garantías reales.

Por Miriam Apolinar

En su mensaje por los 216 años del inicio de la Independencia, el Episcopado Mexicano reconoce los avances del país, pero advierte que permanecen abiertas las heridas de la violencia, las desapariciones, la impunidad, la desigualdad y el desplazamiento forzado. También exige garantías para la libertad religiosa y de expresión.

México celebra un nuevo aniversario de su Independencia, pero los obispos del país invitan a no hacerlo de espaldas a una realidad que sigue doliendo.

En su mensaje con motivo del 216 aniversario del inicio de la Independencia y 205 años de su consumación, el Episcopado Mexicano reconoce los avances alcanzados por la sociedad, pero advierte que existen heridas que continúan abiertas y que reclaman una respuesta urgente.

Violencia, desapariciones, impunidad, desigualdad y desplazamiento forzado forman parte de ese rostro doloroso de México que, para los obispos, no puede ser ignorado mientras se celebra la patria.

“Hemos avanzado, pero al mismo tiempo siguen sangrando” estas realidades, señala el mensaje episcopal.

La reflexión lleva como hilo conductor una frase de San Pablo: “Ustedes, hermanos, han sido llamados a la libertad” (Gal 5,13).

Y precisamente la libertad es, para los obispos, una de las claves para comprender tanto la Independencia como los desafíos que enfrenta México en el presente.

Una patria que se levanta, pero también tiene heridas

El Episcopado comienza su mensaje dando gracias por México: por su gente trabajadora, su hospitalidad y su capacidad de levantarse después del dolor.

Pero advierte que México no puede reducirse a una idea abstracta. Es, recuerda, el rostro concreto de familias, pueblos originarios, comunidades, migrantes, jóvenes y adultos mayores.

Los obispos reconocen avances en la conciencia de los derechos, la participación de las mujeres, el fortalecimiento de las instituciones y la solidaridad mostrada ante los desastres.

Sin embargo, colocan sobre la mesa aquello que sigue lastimando al país: la violencia, las personas desaparecidas, la impunidad, la desigualdad y las comunidades obligadas a desplazarse de sus lugares de origen.

Por eso, afirman que celebrar la Independencia no significa cerrar los ojos, sino recordar de dónde viene México para recuperar el ánimo de seguir construyéndolo.

Guadalupe, el corazón de México

En su mensaje, los obispos también vuelven la mirada hacia Santa María de Guadalupe, cuya imagen acompañó el inicio de la lucha independentista como estandarte en Atotonilco.

Para el Episcopado, Guadalupe representa mucho más que una referencia religiosa: forma parte de la identidad y de la historia de México.

“Ella sigue siendo el corazón y el alma de nuestro pueblo”, afirman.

A cinco años de que México llegue al V Centenario del acontecimiento guadalupano, en 2031, los obispos llaman a que la devoción a la Virgen se traduzca en acciones concretas de encuentro, reconciliación y justicia.

Recuerdan también el llamado de la Virgen en el Tepeyac a construir “su casita sagrada”, entendida como un espacio de amor, compasión, auxilio y defensa de sus hijos más pequeños.

Libertad religiosa: un derecho, no una concesión

Uno de los puntos centrales del mensaje es la defensa de la libertad religiosa.

Los obispos recuerdan que la libertad es inseparable de la dignidad humana y que ningún poder político puede otorgarla o quitarla.

En este contexto, piden que la libertad religiosa sea reconocida plenamente como un derecho humano fundamental.

Y aclaran que no se trata únicamente del derecho a practicar un culto dentro de un templo.

También implica poder creer, educar a los hijos de acuerdo con las propias convicciones, asociarse, servir y participar públicamente en la construcción del bien común.

El llamado, subrayan, no es solamente para los católicos, sino para todas las confesiones religiosas presentes en México.

A 100 años del conflicto religioso: una memoria que todavía interpela

El aniversario patrio coincide además con los 100 años del inicio del Conflicto Religioso de 1926, una etapa de la historia mexicana que el Episcopado considera necesario recordar.

Los obispos lo describen como un conflicto fratricida entre mexicanos que compartían una misma fe, una cultura y un corazón.

La lección que extraen es clara: cuando se restringe la libertad de conciencia, toda la nación resulta lastimada.

Por ello, llaman a evitar que la historia se repita y a garantizar plenamente la libertad religiosa.

La Iglesia: “no somos huéspedes en México”

Otro de los mensajes fuertes del documento aparece cuando los obispos describen el papel histórico y actual de la Iglesia en el país.

“La Iglesia no es huésped en México: es parte de su tejido desde antes de que hubiera Estado”, afirman.

El Episcopado recuerda la presencia de la Iglesia en la educación, los hospitales y los espacios de asistencia social, y destaca que hoy esa labor continúa a través de Cáritas, casas del migrante, comedores, dispensarios, albergues, instituciones educativas, centros de defensa de los derechos humanos y acompañamiento a víctimas.

Es una Iglesia que, señalan, busca estar precisamente donde más duele.

Y esa labor —subrayan— es posible gracias a la generosidad cotidiana y muchas veces anónima de millones de fieles.

“Que la libertad no sea concesión sino garantía”

El mensaje episcopal incluye también una petición directa a las autoridades.

Los obispos les piden que “la libertad no sea concesión sino garantía”, que la seguridad y la justicia dejen de ser promesas y que las víctimas sean escuchadas.

También llaman a cuidar el debate público ante el próximo proceso electoral y piden que este se desarrolle a la altura de las necesidades de la sociedad mexicana.

A los ciudadanos les proponen una forma concreta de amar a México: vivir con honradez, participar, cumplir las propias responsabilidades y cuidar de quien menos tiene.

Y desde la Iglesia ofrecen tres cosas: manos para servir, una palabra capaz de denunciar sin odio y la voluntad de tender puentes donde otros levantan muros.

Una patria libre también se construye desde la paz

El mensaje termina mirando nuevamente a Guadalupe.

Los obispos invitan a los mexicanos a honrar el legado de quienes dieron patria y de quienes transmitieron la fe, y piden que Santa María de Guadalupe continúe acompañando a México y reuniendo a sus habitantes bajo su amparo.

Porque, 216 años después del inicio de la Independencia, la libertad que México necesita no se agota en la historia.

También se juega hoy en la posibilidad de vivir sin miedo, de encontrar a los desaparecidos, de acceder a la justicia, de defender las propias convicciones y de construir una sociedad donde la dignidad de cada persona sea respetada.

México celebra su Independencia, pero el mensaje de los obispos deja una pregunta sobre la mesa:

¿Qué significa ser verdaderamente libres en un país que todavía tiene heridas abiertas?

“¡Que viva México! ¡Que viva Santa María de Guadalupe!”

 

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