Arturo Zárate Ruiz explora cómo el catolicismo ha dejado una huella profunda en el habla cotidiana, desde refranes y giros populares hasta expresiones de origen bíblico que siguen vigentes en México y el mundo.

Por Arturo Zárate Ruiz

En nuestro hablar diario abundan expresiones “católicas”.  Por ejemplo, en el norte de México al cambio reciente de clima se le nombra “Cordonazo de San Francisco”.  Denota el primer “norte” asociado con frío y tormentas, sobre todo en el área del Golfo de México.  A nivel mundial se denomina “Niño” a la corriente oceánica del Pacífico que revienta en el Perú con montón de lluvias aproximadamente en Navidad.  Por eso la referencia al bebé Jesús.  Así con numerosas otras situaciones.

La expresión «Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre» nos advierte la importancia de hacer todo según la justa medida. Alude a las estatuillas de los santos a quienes se les pide protección en los hogares y a quienes se les prende, por veneración, veladoras, no velitas de cumpleaños, no cirios pascuales.

«Estar hecho un Cristo» nos remite literalmente a Jesús en la Cruz, todo maltratado, humillado, agonizante, sufriendo, etc. Con esta expresión uno se refiere a una persona que inesperadamente regresa desaliñada y sucia a un lugar.

«Llorar como una Magdalena» nos remite a la santa, a los pies de Jesús en la Cruz, quien tenía razones de llorar.  Se usa en el presente para describir más bien a quienes, sin razón o por motivos inanes, derraman más lágrimas que cien plañideras.

«Hacerlo en un santiamén» significa cumplir algo con rapidez.  Viene de las palabras finales de «in nomine patris et filii et spiritus sancti, amen».

«Más falso que un Judas», sirve para comparar a una persona con el Iscariote, quien traicionó a su Maestro justo dándole un beso en la mejilla.

«Sólo Dios basta», concluyó acertadamente santa Teresa de Jesús en su poema «Nada te turbe».

«La tribulación es un regalo de Dios, uno especial que da a sus amigos especiales», dijo santo Tomás de Aquino. Santa Teresa de Jesús le advertiría con giro humorístico, al mismísimo Señor, que por eso tenía pocos amigos.

De san Agustín es clásica esta expresión: «Reza como si todo dependiera de Dios. Trabaja como si todo dependiera de ti».

«Todas las personas nacen como originales, pero muchas mueren como fotocopias», es un lamento del joven y reciente santo Carlo Acuti.  Nos recuerda que Dios nos ha dado todos los dones para alcanzar la santidad, pero que los ponemos usualmente a un lado para acomodarnos a los estereotipos mundanos.

«Más católico que el Papa» alude a personas obsesionadas con el cumplimiento vano de fórmulas religiosas no obligatorias.

«Vencer el mal con el bien» nos lo recomienda san Pablo en Romanos 12: 21.

Se le dice «Chivo expiatorio» a la persona a quien, sin tener culpa, se le castiga a sabiendas por los crímenes de otros, y así calmar los ánimos de quienes reclaman justicia.  Remite a los cabritos que los judíos sacrificaban en remisión de sus pecados.

«Nada nuevo bajo el sol» es el lamento inicial del Eclesiastés, que tradicionalmente se adjudica a Salomón, y denota el hastío por los placeres mundanos, aun los más exquisitos y abundantes —hastío que se corona con un «Vanidad de vanidades, todo es vanidad»—.

La expresión «pies de barro» es del libro de Daniel, donde le advierte a Nabucodonosor que su imperio los adolece.  Sirve para notar que un líder, proyecto, programa, acción son, por sí mismos, caducos, que tendrán un fin por sus deficiencias internas.  «Verla venir» remite al mismo texto de Daniel.  Nabucodonosor vio venir una mano que escribía que su reino tendría fin.  La expresión indica cuando una persona ve venir, si no su muerte, si una amenaza.

Un «abogado del diablo» es un consultor de la Santa Sede que revisa cualquier contradicción que prevenga la beatificación de una persona que ha muerto en olor de santidad y venerada ya públicamente por muchedumbres.  En el lenguaje diario remite a una persona cuya función es revisar los posibles errores o fallas en aun la mejor propuesta.

«Se quedó para vestir santos» es una expresión antirreligiosa y misógina que remite a una mujer madura que superó la edad de casarse, y quien, por ello, se pasa su vida en un templo rezando y limpiando las estatuillas de los santos.

«No tener vela en el entierro» se refiere a una persona que no ha sido invitada a una reunión y cuya presencia allí no es bienvenida.

 

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