Por Miriam Apolinar

Convertir más de una década de experiencias pastorales, acompañamiento comunitario y atención a personas afectadas por la violencia en una ruta de alcance nacional es el objetivo de la Estrategia Nacional de Construcción de Paz, presentada el 24 de septiembre por la Dimensión de Fe y Compromiso Social de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social (CEPS-Cáritas Mexicana).

La propuesta busca fortalecer el tejido social, acompañar a quienes han vivido distintas formas de violencia, impulsar capacidades comunitarias y articular los esfuerzos de la Iglesia con instituciones sociales, académicas, públicas, privadas y otros actores que trabajan por la paz.

El reto planteado durante la presentación es concreto: llegar a las 98 diócesis del país y lograr que los aprendizajes acumulados en los territorios puedan convertirse en herramientas para acompañar procesos locales de transformación social y comunitaria.

La maestra Patsy Areli Franco Noriega, coordinadora del Proyecto de la Dimensión de Fe y Compromiso Social, explicó que la estrategia no surgió de cero, sino de un proceso de más de 15 años de trabajo, evaluación y aprendizaje junto a comunidades que han enfrentado escenarios de violencia y vulnerabilidad.

A su vez, el padre René Cabrera Sánchez, secretario de la Dimensión Episcopal Fe y Compromiso Social, presentó los antecedentes de este camino y recordó que para la Iglesia en México la preocupación por la justicia social, la dignidad humana y las condiciones de vida de las personas forma parte de una historia mucho más amplia.

A lo largo de los años, la preocupación de la Iglesia por la justicia, el desarrollo integral y la dignidad humana fue adquiriendo nuevas expresiones hasta que la violencia y la inseguridad comenzaron a ocupar un lugar más explícito en la reflexión pastoral.

Artesanos de Paz: acompañar para transformar

Uno de los conceptos centrales de la estrategia es el de Artesano de Paz. Se trata de personas y equipos que acompañan procesos comunitarios y a quienes han experimentado situaciones de violencia, buscando que recuperen capacidades para actuar, decidir y participar en la transformación de su realidad.

La propuesta no pretende resolver los problemas en lugar de las personas, sino generar condiciones para que puedan recuperar vínculos, capacidades y espacios de participación.

Franco Noriega reconoció especialmente a estos llamados “artesanos de paz”, así como a sacerdotes, obispos, laicos, instituciones aliadas y donantes que han participado en el proceso.

Afirmó que han recibido “con humildad y valentía” el dolor de personas que han depositado en sus manos la esperanza de transformar el sufrimiento.

Cuatro líneas para construir paz

La estrategia plantea cuatro grandes líneas de acción.

La primera es la atención psicoemocional a personas afectadas por las violencias, bajo la premisa de que la recuperación emocional y espiritual puede favorecer su participación en procesos de paz.

La segunda busca el fortalecimiento del tejido social, mediante capacidades comunitarias como la resiliencia, la organización y la resolución de conflictos.

La tercera corresponde a la economía social y solidaria, con acciones orientadas a generar condiciones económicas, productivas y de empleo que permitan fortalecer a las personas y comunidades.

La cuarta es la esperanza, entendida desde el acompañamiento espiritual y la acción pastoral que coloca a Cristo como centro de la paz.

La intención es que estas líneas contribuyan a generar personas y comunidades resilientes, capaces de mejorar sus condiciones sociales, económicas, espirituales y de salud, y de asumir un papel activo como artesanos de paz.

Construir paz es una tarea transversal

Uno de los planteamientos centrales de la presentación fue que la construcción de paz no debe limitarse a un proyecto específico. Para Franco Noriega, la paz puede y debe atravesar las diferentes dimensiones de la acción pastoral.

“Atender a los enfermos es construir paz, cuidar la casa común es construir paz, acompañar a las familias y a las personas que están en penitenciarías es construcción de paz”, afirmó.

La propuesta parte de principios de la Doctrina Social de la Iglesia, especialmente la dignidad humana, la justicia social y el bien común.

Desde esta perspectiva, la construcción de paz implica escuchar, dialogar, reconciliar, acompañar y generar condiciones para que las comunidades puedan participar en la transformación de su realidad.

Una caja de herramientas para cada territorio

Otro de los resultados presentados fue la Cartera Metodológica y Caja de Herramientas, un compendio de metodologías, instrumentos e insumos técnicos dirigido a facilitadores y Artesanos de Paz.

El material reúne aprendizajes desarrollados durante años de trabajo territorial y busca facilitar procesos de resiliencia individual, reconstrucción del tejido social y construcción de paz comunitaria.

La propuesta reconoce que las comunidades no enfrentan las mismas circunstancias: “No es lo mismo la intervención que hacemos en el sur que la que hacemos en el norte y en el centro, por el propio contexto”, explicó Franco Noriega.

Por ello, las herramientas no pretenden aplicarse de manera idéntica en todo el país. La intención es que puedan adaptarse a las características, necesidades y condiciones de cada territorio.

El material incorpora un marco conceptual, buenas prácticas y metodologías. Algunas herramientas pueden utilizarse libremente, mientras que otras requieren acompañamiento de equipos diocesanos o de la Red Nacional de Formadores Artesanos de Paz.

Un “documento vivo”

La estrategia también incorpora la sistematización de experiencias desarrolladas por los equipos diocesanos. El monitoreo y la evaluación han permitido identificar acciones que han sido aplicadas, replicadas y evaluadas en distintos territorios.

Por ello, la estrategia fue presentada como un “documento vivo”, abierto a incorporar nuevas experiencias, metodologías y aprendizajes.

“Los artesanos de paz nos podrán decir cuál es el camino, por dónde no y cómo podemos aterrizar estas acciones para una verdadera conversión social”, señaló Franco Noriega.

La intención es continuar fortaleciendo la colaboración con instituciones académicas y especializadas para desarrollar nuevas herramientas y enriquecer las ya existentes.

De la experiencia local a una estrategia nacional

La presentación de la Estrategia Nacional de Construcción de Paz representa, de acuerdo con sus impulsores, un paso de sistematización y articulación de experiencias que durante años se desarrollaron en diferentes diócesis del país.

El desafío ahora es que esa experiencia no permanezca únicamente en los equipos que ya participan, sino que pueda llegar a las 98 diócesis de México. Pero la propia estrategia advierte que construir paz no consiste solamente en acumular cifras o desarrollar metodologías.

Implica recuperar vínculos, escuchar a las víctimas, acompañar a las familias, fortalecer la organización comunitaria, generar oportunidades, formar agentes y articular a quienes ya trabajan en los territorios.

El siguiente paso queda ahora en las comunidades y diócesis: convertir los aprendizajes acumulados en acciones concretas, compartir experiencias y abrir espacios de escucha, diálogo, reconciliación y participación.

Porque, desde esta perspectiva, construir paz no significa únicamente hablar de ella. Significa escuchar, acompañar, organizarse, colaborar y convertir la esperanza en acciones concretas allí donde las comunidades enfrentan violencia, exclusión o ruptura de sus vínculos.

Es un trabajo que requiere el compromiso de todos, porque “la Iglesia no puede actuar sola en la tarea de construir paz”, afirmó Franco Noriega. Y finalizó: “No podemos caminar desarticuladamente”.

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 11 de octubre de 2026 No. 1631