Por P. Joaquín Antonio Peñalosa
“A Dolores me voy, a Dolores me fui”… Con la música por dentro de este corrido, estuve uno de estos días de primavera —tan azules, tan soleados— en Dolores Hidalgo, la pequeña y hermosa ciudad colonial donde aún asoma, a la vuelta de cualquier esquina la figura del padre Miguel Hidalgo, los ojos verdes, las manos alfareras, los labios con el largo grito de una independencia que aún no termina.
Caminar por la Plaza de Armas, multifamiliar de flores y de tordos, dedicar unos minutos al asombro al ahuehuete fornido y barbado, extrañarse por el quiosco porfiriano relegado a una esquina y comprender que el centro corresponde, cual debe ser, a la estatua de bronce del Padre de la patria. Desde el altar mayor de la parroquia, la Virgen de los Dolores asoma sus vestidos de luto entre el oro del retablo y la cantera rosa de la fachada churrigueresca.
—Nieve, hay nieve de 28 sabores.
En 1912, cuando era un chiquillo, don Victorino González empezó, hace 81 años, a vender nieve de los más insólitos sabores en esta Plaza de Armas, residencia de flores y de pájaros. Don Victorino tiene ahora 93 años, lleno de achaques como ayer de fantasías. Mi padre, me platica su hijo Victorino II, traía el hielo en burro desde Silao, hacía tres o cuatro días de camino. De su cabeza sacaba todo, ideaba la nieve de coco, la nieve de aguacate, la nieve de queso de vaca. También hacía estos barquillos grandes, pruébelos, son de una pasta muy sabrosa. Otros han querido copiar los inventos de mi padre, qué esperanzas. Para nieves las de mi padre don Victorino González.
—Nieve, hay de 28 sabores.
En la otra esquina de la Plaza, grita y sonríe la competencia. Don Emiliano Aguilar, bajito, moreno y decidor, se gloria de fabricar 28 sabores de nieve, como para el libro de récords. Dígame usted si hay otro lugar en el mundo que ofrezca tanta variedad.
A las 5 de la mañana nos levantamos todos en casa a preparar las garrafas, porque cada sabor necesita unas tres horas de trabajo y aquí estamos desde 1963. Yo invento un sabor, lo que se me ocurre, lo pruebo y si no me muero, lo traigo a la clientela. Hay nieve de nopales con camarón, nieve de pescado, de pulque, alfalfa, capirotada, zanahoria, mezcal en penca, miel de abeja, chicharrón, cerveza, tequila, nescafé, elote, chicharrón, pruebe la nieve de mole, no, no pica. Aquí no usamos más que leche, azúcar y fantasía.
Don Emiliano saca de entre las garrafas un álbum que me enseña como un tesoro. Mire usted la foto de Cantinflas y la de Juan Gabriel tomando nieve de los Hermanos Aguilar,
para servir a usted.
Atardece en Dolores. Toca el ángelus. De las torres de la parroquia ruedan unas campanadas redondas, concéntricas que se ensanchan por un cielo de nieve, de leche, de azúcar y fantasía.
Artículo publicado en El Sol de México, 13 de mayo de 1993; El Sol de San Luis, 15 de mayo de 1993.
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 27 de septiembre de 2026 No. 1629

