En toda trayectoria espiritual surgen momentos de revisión y cambio. Lejos de representar retrocesos, estos reajustes suelen convertirse en oportunidades para fortalecer la fe
Por P. Fernando Pascual
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En la vida seguimos una ruta. En ocasiones, un imprevisto cambia todo el panorama: una enfermedad repentina, una huelga inesperada, un luto familiar, o simplemente un cansancio que nos quita fuerzas y agilidad mental.
Necesitamos, entonces, hacer reajustes. No podemos seguir con el plan previsto. Hay que adaptarse a las nuevas circunstancias mientras seguimos en camino.
En la vida espiritual también hay momentos de reajustes. No funciona el método de oración que seguíamos hasta ahora. No nos dice nada un libro que antes nos había ayudado mucho. No experimentamos en la misa el consuelo de otras veces.
En esos momentos, surge la tentación de un “descanso” espiritual que sería dañino, que cortaría buenos hábitos, que nos abriría a tentaciones que esperábamos hacer dejado atrás.
Pero no podemos seguir como siempre. Hay que adaptarnos a las nuevas circunstancias, con ayuda de un buen consejero y desde la escucha continua hacia lo que nos diga el Espíritu Santo.
Quizá no llegaremos a la meta según el camino espiritual que habíamos planeado, pues hemos de emprender nuevos senderos. Lo que ahora importa es saber hacer buenos reajustes interiores, y abrirnos plenamente a la ayuda de Dios, que siempre nos acompaña en cada momento de nuestro peregrinar terreno.
Imagen de Steen Jepsen en Pixabay

