Ante las próximas conmemoraciones de Todos los Santos y Fieles Difuntos, Arturo Zárate Ruiz reflexiona en «Tradiciones» sobre la diversidad de las celebraciones y los cambios que experimentan al convertirse en espectáculos turísticos y comerciales.
Por Arturo Zárate Ruiz
Pronto celebraremos a Todos los Santos y recordaremos a los Fieles Difuntos. Será momento para rezar de nuevo el Rosario, asistir a Misa, y pedir por quienes ya nos han dejado. Aunque parezca desentonar, será temporada buena de negocios, sin duda, muy válidos, por ejemplo, vender coronas y ramos de flores a quienes visitan el panteón. Y también, como en otras conmemoraciones religiosas, los ritos se volverán folclore, “tradiciones populares”, si distintos grupos los convierten en propios, los enriquecen y los expresan cada cual a su modo.
Ciertamente, no habría ningún problema si no los manipulan, es más, no los secuestran, y del negocio lícito no pasan al abuso y aun a la aberración.
Pero ocurrió, por ejemplo, tras la filmación de una película del agente 007 en la ciudad de México. El desfile con catrinas gigantes y calaveras que aparece al inicio de Spectre no existía previamente como tradición en México; fue creado exclusivamente para la ficción de Hollywood, en 2015. Sin embargo, debido al impacto visual y turístico, el gobierno de la Ciudad de México decidió hacerlo realidad al año siguiente (2016), convirtiéndolo en un evento anual oficial. Desde entonces, la forma de conmemorar Fieles Difuntos en muchos lugares, no sólo en la Ciudad de México, son desfiles similares, nada piadosos, más bien con desplantes estereotipados de carnaval, es más, demasiada vanidad. Lo que era diversidad según la gran variedad de pueblos y aun barrios en la república, se acartonó y convirtió en una exhibición de máscaras tipo Halloween.
En los medios de comunicación, y en tono con Halloween, en vez de promover la piedad religiosa, se difunden películas de monstruos. Es decir, el mensaje de esperanza de Fieles Difuntos lo convierten en uno de condena perpetua en el inframundo.
El acartonamiento no parecerá grave, a algunos nacionalistas, si Fieles Difuntos se conmemora según las fórmulas de “mexicanidad” de películas como Macario, con López Tarso, o el filme de animación Coco, donde Disney dizque recrea tradiciones de Janitzio y Pátzcuaro. Pero, de nuevo, México es muy diverso y no merece que lo encajonen en aun muy coloridas bomboneras como ésas. Incluso en un mismo pueblo las fiestas son distintas según cada barrio o cada parroquia.
Viene esta reflexión a cuento porque los gobiernos mexicanos de “avanzada” ordenarán pronto que se instalen altares de muertos en sus inmuebles y plazas. Algunos, aunque rabiosamente antirreligiosos, pero más antiespañoles, los consagrarán —usando idioma castellano— a la diosa azteca Mictecacíhuatl para darle “autenticidad” a esos monumentos. “Ésa diosa al menos sí es mexicana, no como el gabacho Halloween, o, peor, los ‘ídolos católicos’”, vociferarán.
Que no adviertan que en su origen Halloween era “peor que estadounidense”, era católico, porque entonces sí que les da el patatús: era una fiesta muy cristiana, como para pena suya lo somos la mayoría de los mexicanos. Halloween significa “Víspera de Todos los Santos”.
Que Halloween haya sido así no quiere decir que lo defienda en su práctica actual. Como tampoco defiendo que debamos conmemorar Fieles Difuntos según las prescripciones estandarizadas de esos gobiernos “progresistas” tan preocupados por uniformizar la mexicanidad, a punto de que a los güeros de Linares, Nuevo León, los evitan presentar como paisanos por no ser prietos, los hotdogs de Sonora los evitan incluirlos en recetarios nacionales por no ser tacos, o, es más, la misma cochinita pibil en Yucatán eviten celebrarla por ser de animal que no existía en este territorio en tiempos prehispánicos.
En fin, yo iré el 2 de noviembre a Misa, no porque sea una costumbre, o una “tradición”, o porque al haberlo hecho me premien con una docena de tamales caseros que, por ser todavía chiquitos —tamaño dedo de reina— según una verdadera tradición donde vivo, puedo comerlos en dos mordiscos cada uno, no así con los pantagruélicos que para facilitar su comercio global T-MEC uniformizan y venden en muy monos envoltorios en los supermercados.
Iré a Misa porque es ocasión de adorar a Dios y pedirle que acoja a mis parientes y amigos que se me han adelantado.
Imagen de 🌼Christel🌼 en Pixabay

