Por Miriam Apolinar

Con la mirada puesta en los 500 años de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, que se conmemorarán en 2031, la Universidad Anáhuac México, campus Norte, fue sede de la exposición Virgen de Guadalupe: historias de amor, fe y agradecimiento, una muestra que reunió piezas artísticas, imágenes religiosas y recuerdos familiares para mostrar cómo la devoción guadalupana forma parte de la historia íntima de generaciones de mexicanos.

La exposición abrió sus puertas el lunes 5 de octubre de 2026, en el Salón San Juan Pablo II, y permaneció del 5 al 9 de octubre en el edificio de la biblioteca de la universidad. La iniciativa, impulsada por el sacerdote legionario de Cristo John Walsh, nació de una historia particular de protección y fe: la de la llamada Virgen de Guadalupe del Ropero, cuya imagen original habría sido resguardada durante un periodo de persecución religiosa en México.

A partir de este relato, surgió la propuesta de reunir imágenes que conservaran una historia especial para sus propietarios: recuerdos heredados, testimonios de agradecimiento, peticiones atendidas y expresiones de fe que han acompañado a las familias a lo largo del tiempo.

Imágenes que cuentan historias familiares

La muestra se distinguió por reunir no solamente obras artísticas, sino también imágenes que forman parte de la vida cotidiana de los hogares. Algunas han pasado de una generación a otra; otras representan momentos de dificultad, esperanza o agradecimiento.

La exposición partió de una convicción: detrás de cada imagen de la Virgen de Guadalupe puede existir una historia humana que revela la manera en que la fe se transmite y se mantiene viva en el ámbito familiar.

Entre las piezas destacaron los exvotos, expresiones populares de gratitud que narran favores atribuidos a la intercesión de la Virgen. Estas obras permiten acercarse a las experiencias de personas que encontraron en la devoción guadalupana consuelo ante la enfermedad, fortaleza frente a la incertidumbre o motivos para agradecer.

La propuesta también buscó acercar a los jóvenes a sus raíces culturales y religiosas, invitándolos a descubrir que la devoción guadalupana no permanece únicamente en los santuarios y las celebraciones públicas, sino que también se conserva en los recuerdos, las tradiciones y las historias de cada familia.

La historia de la Virgen del Ropero

El origen de la exposición está vinculado con el relato de la imagen de la Virgen de Guadalupe que habría sido protegida en la casa de la familia Murguía durante uno de los periodos más difíciles para la Iglesia católica en México.

Según la historia compartida por el padre John Walsh, monseñor José Mora y del Río, entonces arzobispo de México, dispuso que la imagen original fuera resguardada en casa de la familia Murguía mientras una copia ocupaba su lugar en la Basílica. La imagen habría permanecido allí durante tres años, protegida en un ropero.

La historia fue relatada durante la jornada inaugural por Lucero Ashby de Murguía, integrante de la familia vinculada con este episodio. Su participación permitió conocer la dimensión familiar de un acontecimiento que, más allá de su contexto histórico, representa para sus protagonistas una experiencia de fe, responsabilidad y protección.

Walsh explicó que conocer esta historia lo llevó a reflexionar sobre la posibilidad de que la imagen de la Virgen hubiera encontrado refugio en un hogar, rodeada de personas que asumieron la tarea de custodiarla en circunstancias extraordinarias.

El sacerdote también recordó su experiencia personal con la imagen original en 1976, cuando participó en la última celebración eucarística en la Antigua Basílica de Guadalupe antes del traslado de la imagen al nuevo recinto. Según relató, tuvo entonces la oportunidad de besarla cuando fue bajada de su nicho.

Arte, historia y devoción en una misma conversación

La inauguración incluyó la bendición y un mensaje del obispo auxiliar de México, monseñor Francisco Javier Acero Pérez, quien convocó a los asistentes a convertirse en misioneros de unidad y artesanos de paz.

En su intervención, el obispo destacó la capacidad de la devoción guadalupana para reunir a personas y pueblos diversos. Invitó a reconocer la identidad mestiza de México y los vínculos históricos y religiosos que unen a distintas comunidades, incluidas las de España y Filipinas.

Acero Pérez recordó la presencia de la devoción guadalupana fuera de México y su capacidad para tender puentes entre culturas. Su mensaje subrayó la importancia de llevar la fe a la vida cotidiana mediante acciones que favorezcan la fraternidad y la paz.

La jornada contó también con la participación del rector de la Universidad Anáhuac México, el padre Jesús Villagrasa, y del padre Alfonso López G., además de cuatro ponentes que abordaron la presencia de Santa María de Guadalupe desde distintas perspectivas.

La artista visual Carmen Parra compartió su mirada desde el arte; el historiador Salvador Sotomayor aportó contexto histórico; el coleccionista y anticuario Rodrigo Rivero Lake habló desde su experiencia con el arte y las antigüedades, y Lucero Ashby de Murguía profundizó en la historia familiar de la imagen resguardada durante tres años.

Las intervenciones mostraron cómo la figura de la Virgen de Guadalupe ha sido representada, interpretada y conservada a través del tiempo, tanto en obras de valor artístico como en objetos que adquieren un significado especial por la historia de quienes los poseen.

La curaduría estuvo a cargo de Guadalupe Parra, Mónica Guerrero Mouret y Espis Murguía, quienes reunieron las piezas con el propósito de hacer visible la diversidad de expresiones que conforman la devoción guadalupana.

Rumbo al quinto centenario

La exposición se inscribe en el camino hacia el quinto centenario de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, que la tradición católica sitúa en 1531 y cuya conmemoración tendrá lugar en 2031.

A cinco años de esa fecha, la muestra propone una forma de aproximarse a la efeméride desde la memoria familiar, el arte y los testimonios de fe. En lugar de limitarse a una revisión histórica de las representaciones guadalupanas, reunió objetos que permiten observar cómo la devoción se ha incorporado a la vida de las personas y ha pasado de generación en generación.

El proyecto plantea que el camino hacia 2031 también puede construirse a partir de las historias particulares: las imágenes heredadas de los abuelos, las promesas, los exvotos y los recuerdos que explican por qué millones de personas mantienen una relación cercana con la Virgen de Guadalupe.

Para sus organizadoras, la exposición fue una invitación a mirar cada pieza más allá de su valor material y descubrir la experiencia humana que conserva. Cada imagen puede ser memoria de una esperanza, testimonio de agradecimiento o símbolo de una presencia que ha acompañado a una familia durante décadas.

En el centro de esa propuesta permanece una de las preguntas más reconocidas de la tradición guadalupana, dirigida a san Juan Diego: «¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?».

La frase sintetiza el sentido de la muestra: recordar que la devoción guadalupana se expresa tanto en las grandes manifestaciones públicas como en los gestos cotidianos de quienes encuentran en la Virgen consuelo, identidad y esperanza.

Cabe destacar que la curaduría de la exposición estuvo a cargo de Guadalupe Parra, Mónica Guerrero Mouret y Espis Murguía, quienes reunieron una selección de imágenes, obras artísticas y piezas familiares con historias de fe, amor y agradecimiento a la Virgen de Guadalupe.