En un mundo marcado por el ruido y las prisas, Rebeca Reynaud nos invita a redescubrir la oración contemplativa como un encuentro íntimo con Dios, donde el silencio, la humildad y el amor transforman el corazón.
Por Rebeca Reynaud
La oración contemplativa es un don y Dios lo quiere para todos los bautizados. El profeta Ezequiel nos da una imagen de lo que puede ser este tipo de oración (c. 47). Muestra un templo de donde sale un pequeño hilo de agua que sale por el lado derecho, y va aumentando. A medida que avanza, el agua aumenta de nivel, al grado que llega a ser un torrente que no podía vadear. Hay árboles y peces porque, por donde pasa el río, todo adquiere vida. Es una imagen del Espíritu. Cuando hay poca agua estamos en la oración vocal, entramos a la oración de manera sencilla. Luego el Señor nos lleva a la oración mental, el agua fluye con más fuerza. Profundizamos y somos llevados al río del amor, nos sometemos a sus movimientos, nos metemos en el misterio de Dios, es una unión transformadora hasta ser formados a la imagen misma de Dios. Es la parte unitiva de la oración. Esta obra del Espíritu Santo se nos ofrece en la oración contemplativa. No podemos llegar a la cumbre de la vida cristiana sin ella.
Necesitamos hacernos como niños para recibir de Dios este regalo, pues es la oración del hijo de Dios que quiere corresponder al Padre, del pecador quebrantado y perdonado que acepta el amor de Dios, es la entrega pobre y humilde a la Voluntad del Padre. Es una oración sencilla en la que recibo el amor con que soy amado. Hay que poner el acento en la receptividad; el deseo de responder puesto por el Espíritu. Podemos sentarnos como un niño pequeño ante Él, porque se trata de receptividad y fe. Todo es gracia. Una postura útil es la de quietud y silencio, y reconocer que Él es Dios y permanecer con Él.
Dios responde a tu oración amándote. La carga del amor está en él, lo nuestro es una respuesta a quien ya me está amando. Encamínate al “río” de su amor. No hay que centrarnos en nosotros mismos.
La oración contemplativa es silencio, es “símbolo del mundo venidero”, o “amor silencioso”. No son discursos sino ramillas que alimentan el fuego de amor. En este silencio el Padre nos da a conocer a su Verbo encarnado, sufriente, muerto y resucitado, y el espíritu Santo nos hace partícipes de la oración de Jesús (cfr. CEC 2717).
“La oración contemplativa es unión con la oración de Cristo” (2718). Las palabras que nos dirige son como brasas para que el fuego siga ardiendo, hace que el corazón cobre vida. A veces aborrecemos el silencio como cultura. Hay cosas que le roban silencio a nuestra vida como el celular y el televisor. Tenemos que saltar a la realidad de lo que Dios es. Sin el silencio no podemos llegar a la contemplación. Este silencio es hermoso y escuchamos: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré” (Mateo 11,28).
Jesús quiere darte descanso. Voy a él con mis cargas y él me da su descanso. No tengo que ganarlo. “La oración contemplativa es el tiempo fuerte por excelencia de la oración. En ella, el Padre nos concede que seamos vigorosamente fortalecidos por acción de su Espíritu en el hombre interior, que Cristo habite por la fe en nuestros corazones y que quedemos arraigados y cimentados en el amor” (CEC, 2714).
Dios te lleva a una mayor conciencia de quién es Él y quién eres tú sin él, que despierta en ti hambre de él. Nos despoja de nuestra autosuficiencia y nos enraíza en su amor. A veces se siente como si Dios tomara nuestras uvas y las aplastara y las convirtiera en el vino nuevo de su amor. No debemos tener miedo del amor que es desafiante. Esto hace probable nuestra perseverancia.
Algunas claves para provocar la disposición adecuada
Comprométete a dedicar tiempo al Señor y no desistir, sin ella la oración no progresas. Hay periodos de sequedad, de oscuridad, la prueba real es perseverar en la oración, aunque tengamos que atarnos a la silla. No te levantes, no estropees tu oración. Permite que lo que tienes en el corazón, salga.
Humíllate como un niño, reconoce tu absoluta necesidad y dependencia de Dios y preséntate ante él. Jesús es fuerte, y quiere proveer lo que necesitemos, yo soy pequeño. Quiero recibir lo que él tiene para ofrecerme. Hago una declaración de fe: “Jesús me sostiene porque soy débil y él me abraza, me sana”. Me arrodillo por fuera o por dentro, mi postura ayuda a que crezca en la oración.
El Catecismo dice: La oración contemplativa es la expresión más sencilla del misterio de la oración. Es una relación de alianza establecida por Dios en el fondo de nuestro ser. En ella, la Santísima Trinidad conforma al hombre, imagen de Dios, “a su semejanza” (CEC, 2713).
La música me puede ayudar o no, a veces prefiero la quietud. La música no pretende sustituir a la oración. Una vez que el Espíritu enciende la oración contemplativa, no hace falta más, hay que dejar que el fuego arda. Lo mismo puede suceder en el Rosario: quédate quieto allí. Reverencia lo que Dios quiere hacer. La mayoría de las veces no tienes que decir algo. Siente la quietud de su presencia y simplemente permanece con él. Él nos atrae hacia Sí. Experimentas un profundo anhelo de Dios. “Jesús, une mi deseo al tuyo, dame deseos de santidad”.
A medida que te arrepientes, más dulce se vuelve su amor. Agradece al Señor por lo que recibes. Toda nuestra vida es una alabanza y eso hace que Dios dé más. La falta de gratitud cierra tu corazón a Aquel que da. Cuando miramos a Jesús el Cielo fluye a nuestra vida, es una forma de comenzar la oración: mira a Jesús, mírate a ti. Yo lo miro y él me mira, esta mirada de fe fija en Jesús es una renuncia a uno mismo. Es una mirada de fe fija en el Rostro de Jesús. “Padre: permítete descansar en esa mirada.”
“Dios: Te damos gracias por las veces que hemos captado la profundidad de la mirada de Jesús; Señor que nos perdamos en tu bondad y contemplemos tu rostro. Purifica nuestros corazones para que quedemos conquistados por lo que Tú eres y podamos llevar tu amor a este mundo. Dame sed de Ti, dame la gracia de la oración contemplativa. Ayúdame a estar desprendido de las cosas materiales”.

