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Papa: la vocación del cristiano es seguir “siempre adelante”, es mejor “cojear” que estarse quietos

Papa: la vocación del cristiano es seguir “siempre adelante”, es mejor “cojear” que estarse quietos

“¡Siempre adelante!” es “una palabra-clave de la vocación cristiana”, es la respuesta a la llamada a comenzar el “santo viaje”. Una “vocación a salir de sí mismo”, que no se concilia con la tentación de preservarse a sí mismo sino que, por el contrario, es “comenzar a vivir la fiesta del encuentro con el Señor y recorrer los caminos por los cuales él nos envía”. Hoy Francisco volvió a hablar de la misión del cristiano en el discurso que dirigió a los participantes en la 75ta Convención del ‘Serra International”, sobre el tema: ‘Siempre adelante. El coraje de la vocación’, que se está desarrollando en Roma, del 22 al 25 de junio.

Francisco, que elogió el principio del “Serra International” de querer ser “amigos de los sacerdotes”, subrayó la importancia de salir de sí, para seguir el camino señalado por Dios.  Es mejor –dijo-  “proceder cojeando, cayendo a veces, pero siempre confiando en la misericordia de Dios, que ser “cristianos de museo” que temen los cambios y que, habiendo recibido un carisma o vocación, en lugar de ponerse al servicio de la eterna novedad del Evangelio, se defienden a sí mismos y defienden sus roles”. Un riesgo, según las palabras de Francisco, que también corren las estructuras eclesiásticas.

“Ser amigos de los sacerdotes, sosteniendo su vocación y acompañando su ministerio: ¡este es el gran don con el que ustedes enriquecen a la Iglesia! Un “serrano” es ante todo  un “amigo especial” que  el Señor ha puesto al lado de algunos seminaristas y algunos sacerdotes”. Y si hoy en día la palabra amigo se “ha desgastado un poco”, en cambio, “cuando es  Jesús el que la usa, indica una verdad incómoda: Hay verdadera amistad sólo cuando el encuentro me involucra en la vida del otro, llegando hasta el don de mí mismo. De hecho, Jesús dice a sus discípulos: “Ya no os llamo siervos […]; a vosotros os  he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer “(Jn 15,15). De esta forma, Él establece una nueva relación entre el hombre y Dios, que supera  la ley y se basa en un amor confiado. Al mismo tiempo, Jesús libera a la amistad del sentimentalismo y nos la  entrega como un compromiso de responsabilidad que atañe a la vida: “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15, 13). Por lo tanto, se es  amigos sólo si el encuentro no es exterior  o formal, sino que se convierte en compartir el destino del otro, en compasión, en implicación,  que conduce hasta un llegar a entregarse por el  otro”.

Luego, al hablar sobre el tema elegido para el convenio, “Siempre adelante! Estoy de acuerdo con vosotros –dijo el Papa- en que es una palabra clave de la vocación cristiana. Efectivamente, la vida del discípulo misionero está marcada por el ritmo que le imprime  la llamada; la voz del Señor lo invita a dejar la tierra de sus seguridades y a iniciar  el “santo viaje” hacia la tierra prometida del encuentro con Él y con los hermanos. La vocación es una invitación a salir de sí mismo para comenzar a vivir la fiesta del encuentro con el Señor y a recorrer los caminos por los que Él nos envía. Ahora bien, no pueden caminar los que  no se ponen en tela de juicio. No avanza hacia la meta aquel que tiene miedo de perderse a sí mismo, según el Evangelio (cf. Mt 16, 25-26). Ninguna nave surcaría las aguas si tuviera miedo de dejar la seguridad del puerto. Del mismo modo, ningún cristiano puede entrar en la experiencia del amor transformador de Dios si no está dispuesto a cuestionarse a sí mismo,  sino que  sigue vinculado a sus proyectos y a las adquisiciones propias ya consolidadas. Incluso las estructuras pastorales pueden caer en la tentación de defenderse a sí mismas, en lugar de adaptarse al servicio del Evangelio. El cristiano, en cambio, caminando  en los surcos de la vida diaria sin temor, sabe que puede descubrir las iniciativas sorprendentes de Dios cuando tiene el coraje de osar, cuando no permite que el miedo prevalezca sobre la creatividad, cuando no se vuelve rígido frente a las novedades, y sabe abrazar los desafíos que el Espíritu le  plantea,  incluso cuando éstos le piden cambiar de rumbo y salir de los  esquemas”.

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