POR JOSÉ MANUEL OTAOLAURRUCHI, L.C. – Hombre Nuevo

Desde los tiempos de los romanos hemos heredado una amplia información sobre técnicas para hacer la guerra. Tal parece que disfrutaban conquistando tierras y sometiendo pueblos. Aníbal, cartaginés, fue también brillante y sagaz estratega pues derrotó varias veces a los romanos usando incluso armas impensables como fue el lanzar vasijas de barro con serpientes venenosas en las batallas navales.

De entre las muchas técnicas hay una especialmente malvada y que todos conocemos con el lema: «divide y vencerás». Esta no se refiere a la fracción de los ejércitos, como se podría pensar, sino a la conjura, al sembrar cizaña, levantar falsos testimonios, incordiar.

Luis XI, rey de Francia, conocido como el Cruel, es ejemplo de un monarca que ganó batallas sin luchar, pero sí enfrentando a sus enemigos a base de intrigas. Era capaz de agrietar las coaliciones de sus enemigos enfrentándolos entre sí y luego atrayéndolos a su propio bando. La hipocresía nunca lo abandonó. Decía: «Quien no sepa simular, no será capaz de reinar». ¿No les parece que esta técnica se sigue utilizando en círculos menores: una oficina de trabajo, en asuntos de amores, entre vendedores, sociedades e incluso entre familiares?