REPORTAJE

Por Gilberto Hernández García

El Papa Francisco lo dijo muy claro a sus jóvenes compatriotas en el encuentro que tuvo con ellos durante la Jornada Mundial de la Juventud en Río 2013: “¡Quiero que vayan a las diócesis y armen lío!” Y todos los jóvenes presentes –y los que lo siguieron por los medios de comunicación–  se sintieron alentados y provocados para esa alegre misión. 

Y el «lío» llegó al «metro» de la Ciudad de México. Este sábado, desde temprano, más de un centenar de jóvenes han salido de la Parroquia de la Inmaculada Concepción, en la colonia Clavería de la capital mexicana, con la Biblia en la mano, guitarras y mucho entusiasmo para compartir con los usuarios del transporte público más concurrido de la zona metropolitana el mensaje del Evangelio.

Es la llamada «Misión subterránea», una experiencia de evangelización popular que ya va en su tercera edición, promovida por los Jóvenes Maristas, «un grupo juvenil parroquial, con la espiritualidad de los padres maristas», a quienes un día se les ocurrió ir a cantar música católica al metro, «a llevar a la gente «algo diferente».

Continuación de la JMJ

En esta ocasión, la «Misión subterránea», según nos comparte Eduardo Chávez Téllez-Girón, coordinador de la experiencia misión, «quiere darle continuidad a la Jornada Mundial de la Juventud», por eso el lema es «Vayamos a hacer lío»; y tendrá como contenidos sustanciales los mensajes que el Papa Francisco dirigió a los jóvenes en Río de Janeiro.

Además de los jóvenes que se inscribieron a través de las redes sociales, los organizadores hicieron una invitación a sumarse a este esfuerzo evangelizador a los religiosos y religiosas, seminaristas y sacerdotes, «para hacer eco a las palabras del Papa cuando urgió a que no estuviéramos encerrados en nuestros templos, a ir a las calles a encontrarnos con los alejados; a salir para ser verdaderamente pastores con olor a ovejas», comenta Eduardo Chávez.

El joven misionero comparte que el objetivo principal de esta experiencia nacida el año pasado, es el  «colaborar con la construcción del reino de Dios: se trata de que los jóvenes, mediante sus talentos, aporten algo a la nueva evangelización, sus modos originales; no sólo es cantando, sino bailando, actuando, o como quieran, pero lo importante es que sean testigos del Evangelio; ser parte de esta nueva evangelización que ha sido convocada desde hace algunos años y donde los laicos tenemos un gran compromiso como bautizados».

Unidos a la jornada de oración por la paz

La misión subterránea cambió este lunes un poco el enfoque: «asumimos los compromisos de la Jornada de oración y ayuno por la paz en Siria y en el mundo, a la que ha convocado el Papa Francisco; por ello vamos a hacer un alto en la Basílica de Guadalupe, para hacer un rosario ante el santísimo expuesto, para pedir por la paz», comenta el coordinador juvenil.

La misión ha iniciado a las 8 de la mañana con una catequesis y el envío de los jóvenes misioneros. A las 2 de la tarde están en el santuario Mariano y reanudarán la Misión para concluirla a las 7 de la noche.

Inspirados en los primeros cristianos

A decir de Eduardo Chávez, la iniciativa misionera surgió del testimonio de «las primeras comunidades cristianas, que se reunían en las catacumbas de Roma, para compartir y celebrar su fe». Es, entonces, hacer esa analogía con el metro (el tren subterráneo) de la Ciudad de México para llevar «un testimonio de esperanza a la gente, para compartir lo mejor que tenemos: nuestra fe en Jesucristo».

Comenta el coordinador de la «Misión Subterránea» que la primera versión la realizaron con sólo 13 jóvenes; en la segunda participaron unos 60 y para esta tercera están inscritos unos 120 misioneros. «Las redes sociales han sido de gran ayuda para difundir la Misión y llegar con la convocatoria a más jóvenes, para generar ruido y que digan “yo quiero ir”».

La metodología que utilizan en la misión es sencilla: «Subimos a un vagón del metro, nos presentamos brevemente; hacemos algún canto con mensaje cristiano, algún canto mariano; después les entregamos una cita bíblica y decimos un pequeño mensaje, lleno de alegría y esperanza», dice Eduardo. El mensaje testimonial lo comparten en el trayecto de dos estaciones a lo mucho, es decir en un lapso cercano a los cinco minutos; luego bajan del vagón y entran a otro o esperan en siguiente convoy para seguir con la misión.

Los usuarios del metro suelen recibir de buen grado el mensaje que les comparten. Al principio se muestran extrañados, pero después algunos se ponen a seguir los cantos; otros no dicen nada, «pero se nota en sus rostros que están abiertos al mensaje que les transmitimos. Claro que hay algunos indiferentes, pero también hay quién nos agradece y nos anima a seguir con nuestro trabajo de evangelización».

Chávez comparte que ha sido una experiencia gratificante, que los edifica como cristianos: «poder tener un encuentro con Cristo a través del hermano que nos encontramos en la ciudad. Cuando les damos las citas bíblica o cuando estás cantando vemos la expresión de sus rostros, nos damos cuenta que vale la pena, que una de esas palabras estará llegando al corazón y lo mueve a buscar a Dios».

Los chicos misioneros, luego de ser convocados, se preparan con una catequesis previa, enfocada al tema que se va a compartir. Esta versión de la «Misión subterránea» la han venido preparando remotamente desde marzo; pero el acento, el tema después de la JMJ, todo el mes de agosto. «Ha implicado la formación misionera, profundizar todos los discursos del Papa, buscar la esencia de cada discurso; preparar el material; hacer la plataforma para el registro».

Esa otra catacumba

El Sistema de Transporte Colectivo «metro», de la Ciudad de México, transporta a más de 4 millones de personas al día, con 12 líneas, en sus más de 226 kilómetros y 195 estaciones.