Por Rodrigo Aguilar Martínez, Obispo de Tehuacán

El 7 de octubre celebramos la fiesta de Nuestra Señora del Rosario, la cual ha propiciado que el mes de octubre sea considerado como el mes del Rosario.

El rezo del Rosario es una devoción muy arraigada en el pueblo cristiano; aunque hay muchos que menosprecian esta devoción, también muchos otros la viven y la difunden con fervor.

Rezar el Rosario es dirigirnos a la Virgen María y con ella a Cristo Jesús, pero no de una manera monótona y cansada, sino como quien ama vivamente a Cristo Jesús y su Madre, y de ellos se siente y se sabe amado.

Santa Teresita del Niño Jesús, cuya fiesta hemos celebrado el día 1º de octubre, decía que no hay que presentar a la Virgen María tan elevada que parezca inaccesible, sino imitable, por la forma de practicar heroicamente las virtudes de cada día.

El Rosario es una corona de rosas que entregamos amorosamente a nuestra Madre del cielo y que nos acompaña en la tierra, pero ella nos lleva siempre hasta su Hijo Jesús. Por eso con ella vamos contemplando toda la vida y la misión de Jesucristo en sus misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos. De esta manera, con la Virgen María y como ella, anhelamos avanzar como peregrinos de la fe para ser más y más discípulos misioneros de Jesucristo.

El Rosario es una devoción muy flexible, que podemos rezar solos o en familia y en comunidad, en la calle, en el cerro o en el silencio de una capilla. El rezo del Rosario nos pacifica, nos transforma, nos eleva. Quien acostumbra rezar el Rosario, no puede dejar de ser escuchado por Dios Padre, pues Jesucristo es nuestro Camino, Verdad y Vida.

El rezo del Rosario ha sostenido la fe y la esperanza de muchos misioneros, campesinos, indígenas, prisioneros, desahuciados, agonizantes; ha sostenido los primeros y balbuceantes pasos de los niños, también los ardorosos pasos de los jóvenes, los pasos sólidos o cansados de los adultos, los pasos débiles y frágiles de los ancianos.

La familia tiene la misión importante de unir generaciones con el rezo del Rosario: acogiendo a los niños, a los jóvenes, a los ancianos, para unirnos todos en solidaridad y en sentido de trascendencia. Mediante el Rosario llevamos a Dios las alegrías y las tristezas, las angustias y las esperanzas de nuestra familia, de nuestro pueblo, del mundo entero. El rezo del Rosario nos hace más humanos y más hijos de Dios. No dejemos de rezar diariamente el Rosario, si es posible todos los días la secuencia de todos los misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos. No será tiempo perdido, sino sabiamente invertido.