Por Jorge E. Traslosheros H. |

Se ha cumplido un año de la renuncia de Benedicto XVI. Observo lo sucedido en la Iglesia desde entonces y me lleno de gozo. Comparto algunas reflexiones.

1.- Francisco envió un tuit pidiendo rezar por este “hombre valiente y humilde”. Son palabras fuertes en boca de un Papa. En la tradición cristiana significan apego a la verdad y sabiduría. Habló con justicia. Entre estos dos hombres hay una comunión inexplicable sin la fe. El gran teólogo hace mancuerna con el gran pastor. Da gusto verlos convivir, tenerlos juntos. Nunca antes en la historia de la Iglesia había sucedido algo parecido. Somos una generación afortunada.

2.- Durante el viaje pastoral de Benedicto XVI a Jordania y Tierra Santa, los periodistas se quejaron ante al presidente de Israel, Shimon Peres, porque Ratzinger no parecía tener elementos periodísticos notables. El presidente les explicó que no era un hombre para la prensa, sino para los libros de historia. Tenía razón.

3.- Estoy convencido de que Ratzinger ya es uno de los hombres más importantes en la historia de la Iglesia. Su vida está vinculada al concilio Vaticano II desde su elaboración, siempre como protagonista de los grandes debates teológicos, litúrgicos y pastorales.

4.- En su última alocución como Papa ante el clero de Roma, platicó la anécdota de cómo Juan XXIII, ante la ofensiva del cardenal Frigs y su joven teólogo, para dar frescura y fuerza a las deliberaciones conciliares, los mandó llamar. Su temor era que los regresara a Alemania o, por lo menos, que los reprendiera. Sucedió lo contrario. Los felicitó e invitó a redoblar esfuerzos. Creo que este detalle marcó la vida de Ratzinger. Desde entonces, entregó lo mejor de sí mismo para llevar adelante el durísimo proceso de recepción del Concilio, hasta que las fuerzas físicas lo abandonaron. Hoy, acorde a su condición, mantiene el esfuerzo dedicado a la oración con especial intención por Francisco, según ha dicho.

5.- Hay un detalle que suele pasarse por alto. La teología de Ratzinger es una de las cumbres del pensamiento católico y no sólo de nuestro tiempo. Es acabada expresión de la teología centrada en la persona que marca el último siglo y que está en el corazón del Concilio Vaticano II. Al ser electo Papa, su pensamiento pasó a ser magisterio pontificio, y al proponer el diálogo entre fe y razón, nos devolvió la palabra a los cristianos. La frescura del Papa Francisco sería inexplicable sin este poderoso magisterio el cual, a su vez, sin Francisco, no hubiera encontrado su camino a la gente del común.

6.- Si Benedicto es el hombre del Concilio, Francisco es el primer Papa realmente conciliar. Moisés fue dócil a Dios y condujo a su pueblo a la Tierra Prometida; pero él nunca entró. Tan sólo le fue permitido contemplarla desde la montaña. Así sucede con los grandes reformadores. Ellos no ven el resultado de sus esfuerzos; pero sin ellos la transformación no es posible.

7.- La presencia de Francisco, es el mejor reconocimiento a la vida y obra de Joseph Ratzinger, y un bálsamo en su ancianidad. Como Simeón, ya puede retirarse en paz. Nadie en la Iglesia debe estar más feliz con el actual pontífice que Benedicto pues, como a Moisés, Dios le concedió contemplar a su pueblo entrar en una nueva etapa de su historia, bajo el pujante liderazgo de un gran pastor.

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