«La Cuaresma es ocasión propicia para todos nosotros para realizar un camino de conversión», dijo el Papa antes del rezo de Ángelus, y propuso confrontarnos con el episodio evangélico de las tentaciones de Jesús en el desierto, en el afán de estar en esa dinámica de cambio que entraña este tiempo litúrgico. Ante miles de peregrinos provenientes de diversos países, y reunidos en la Plaza de San Pedro, el Papa recordó que el Evangelio del primer domingo de Cuaresma presenta cada año el episodio de las tentaciones de Jesús. Y afirmó que el tentador trata de apartar al Señor del proyecto del Padre, es decir de la vía del sacrificio que implica ofrecerse a sí mismo por amor en expiación, para hacerle tomar un camino fácil, de éxito y poder. El Papa reflexionó cómo el demonio le presenta a Jesús las falsas esperanzas mesiánicas del bienestar económico, indicado por la posibilidad de transformar las piedras en pan; del estilo espectacular y milagrero, con la idea de arrojarse desde el punto más alto del templo de Jerusalén y hacerse salvar por los ángeles y, en fin, del atajo del poder y del dominio, a cambio de un acto de adoración a Satanás. Pero Jesús, prosiguió explicando el Papa, rechaza decididamente todas estas tentaciones y reafirma la firme voluntad de seguir la vía establecida por el Padre, sin ningún compromiso con el pecado y con la lógica del mundo. De ahí que en sus respuestas a Satanás, el Señor nos sostiene en la lucha contra la mentalidad mundana que abaja al hombre al nivel de las necesidades primarias, haciéndole perder el hambre de lo que es verdadero, bueno y bello, el hambre de Dios y de su amor. Tras recordar que las palabras de Jesús encuentran una confirmación concreta en sus acciones, el Santo Padre destacó la victoria definitiva del Señor en su rendición final de cuentas con el “príncipe de este mundo” en la hora de la pasión y de la cruz, lo que representa ¡la victoria del amor! Francisco pidió que renovemos las promesas de nuestro Bautismo, renunciando a Satanás y a todas sus obras y seducciones, para caminar por los senderos de Dios y llegar a la Pascua en la alegría del Espíritu.

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