Por Francisco Xavier Sánchez, sacerdote | 

Dos de los principales aportes contemporáneos de América Latina al mundo son sin lugar a dudas la Literatura y la Teología de la Liberación. Desde México hasta Argentina encontramos una riqueza considerable de poetas, cuentistas y novelistas reconocidos a nivel mundial. Contamos con varios premios Nobel de literatura y reconocimientos internacionales en nuestro continente: Cortázar, Borges, Neruda, Vargas Llosa, García Márquez, Octavio Paz, Carlos Fuentes, etc., etc., etc., la lista es larga. Lo mismo podemos decir de nuestros teólogos que han buscado no sólo adaptar, sino sobre todo encarnar la teología –que primero se desarrolló en la cultura semita, luego griega y finalmente europea– en el contexto latinoamericano.

Recuerdo que está búsqueda por entender el mensaje de Cristo (y en general de la Biblia) en la situación de opresión, miseria, injusticia y violencia que vivimos en América Latina, no es algo nuevo. Prácticamente desde la llegada del cristianismo en América (12 de Octubre de 1492) hubo religiosos que se preocuparon por sembrar la Palabra de Dios en el así llamado “Nuevo mundo”, con el riesgo, pero también con la esperanza, de que surgiera algo “nuevo” o más bien dicho con “matices distintas” a la teología europea. Bartolomé de las Casas es uno de los padres de la teología de la liberación en nuestro continente.

La semilla de la Palabra de Dios no es neutra, ella se nutre del suelo en el que ha caído. No es lo mismo predicar la Palabra de Dios en Manhattan que en un barrio periférico de Guatemala; no es lo mismo decir un sermón en Las Lomas de Chapultepec que en el Valle de Chalco.

En los años 60s un grupo de teólogos latinoamericanos, motivados por la apertura que mostraba Vaticano II y por las necesidades que existían en América Latina, buscaron analizar la situación socio-económica de nuestros países a la Luz de la Palabra de Dios. ¿La Biblia tiene que decir algo sobre las muertes prematuras de los niños por falta de comida? ¿O sobre el desempleo, la prostitución, la droga y la corrupción en nuestros países? ¿Podemos encontrar en la Palabra de Dios algún aguijón que nos motive al cambio social en nuestro continente y que no sea opio para el pueblo como lo pensaba Marx a mediados del siglo XIX?

Uno de los principales creadores de esta teología –que habla y reflexiona sobre Dios a partir de los pobres– es el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez (1928), considerado por algunos como el padre de la Teología de la Liberación. Su libro del mismo nombre Teología de la liberación (1971) está considerado como el acta de nacimiento de este movimiento no sólo teológico, sino también y sobre todo pastoral y social.

Me da gusto enterarme de que en estos días el nuevo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Gerhard Ludwig Müller, que se ocupa de velar por la recta interpretación y transmisión de la doctrina cristiana, acaba de publicar un libro: Pobre y para los pobres, en el que habla favorablemente de esta reflexión teológica latinoamericana. Libro que fue comentado por Gustavo Gutiérrez en Roma, el día se su presentación, y que cuenta además con el prólogo escrito por el Papa Francisco.

Más adelante espero poder seguir comentando el tema de la Teología de la Liberación. Sin embargo desde ahora me parece que la Iglesia, tan critica hace algunos años a todo lo que “oliera” a izquierda, ahora parece querer buscar reconciliarse con este movimiento que no busca sino poner en practica la radicalidad del evangelio. Unos matan a los profetas, decía el Señor y otros les hacen estatuas. Gracias Papa Francisco por buscar devolvernos la novedad y frescura de los Evangelios.

http://franciscoxaviersanchez.wordpress.com/

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