Por Gilberto Hernández García |

Sin lugar a dudas, el cruce migratorio de trabajadores indocumentados más importante de la frontera norte lo ha constituido, hasta hace algunos años, la ciudad de Tijuana. Por esta ciudad bajacaliforniana cruzaba aproximadamente la mitad de los trabajadores migratorios indocumentados de todo el país o de Latinoamérica. Si bien en cierto que en los últimos años, el flujo migratorio se ha venido diversificando de tal forma que otras ciudades han ido adquiriendo gran importancia, como es el caso de Mexicali y Tecate, u otras ciudades de los demás estados fronterizos mexicanos, Tijuana sigue siendo un fuerte polo de atracción.

Aunque los migrantes adultos varones siguen siendo el contingente mayoritario de los que cruzan por esta ciudad –el 70%,  según datos del Instituto Nacional de Migración- en los últimos años, ha crecido el número de mujeres que intentan cruzar. La migración femenina, no obstante todavía no iguala cuantitativamente la de los varones. Son, en su mayoría, trabajadoras jóvenes, entre 15 y 30 años, en la plenitud de la reproducción y en la edad de mayor producción.

Casa Madre Assunta

Tal vez porque aún representan un porcentaje menor en las estadísticas, las mujeres migrantes son las que mayores riegos viven, tanto en la travesía, como en la estancia en esta ciudad fronteriza. Muchas de ellas, al llegar a Tijuana, no cuentan con ningún tipo de apoyo físico ni moral. Es por esta razón que en 1994 se creó  el Centro Madre Assunta, para mujeres y niños migrantes en Tijuana,  una institución sin fines de lucro atendida por las Misioneras de San Carlos (scalabrinianas).

Entre  los objetivos del Centro está brindar a las mujeres y a los niños migrantes un lugar donde puedan sentir el amor de Dios, para que sepan valorarse y se encaminen hacia una meta de superación económica, social y moral-cristiana.

Casi la mitad de la mujeres que se albergan en Madre Assunta han sido abandonadas por sus esposos; otras han dejado su hogar debido a los malos tratos de sus maridos; algunas abandonaron su hogar para salvaguardar la integridad de sus hijas, amenazadas de abuso sexual del mismo esposo; mientras que otras tantas, cansadas por la pésima situación económica de la familia, decidieron dejarlo todo con la esperanza de encontrar algo mejor que ofrecerles a sus hijos.

La Casa Madre Assunta cuenta con dormitorios, comedor, enfermería, sala de juntas, sala audio-visual, taller de manualidades, sala materno-infantil, cuarto de lavado, ropería, sala de lecturas, amplios patios y jardines, además de las oficinas administrativas y de trabajo social.

Con esta infraestructura la casa desarrolla su servicio de asistencia, donde destaca el programa de Atención Materno-Infantil, que se encuentra diseñado para las migrantes que llegan en estado de gravidez, las cuales permanecen hasta que dan a luz y pueden posteriormente salir a trabajar. Esta ayuda la ofrecen en coordinación con el Hospital General de Tijuana.

También ofrecen a las mujeres orientación sobre sus derechos y obligaciones, a fin de ayudarles a superarse social y económicamente; igualmente ponen a su disposición una bolsa de trabajo de acuerdo a su aptitud y necesidad. Según las hermanas la intención es colaborar para que “lleguen a realizar sus sueño de vivir una situación mas humana, nuestro lineamiento no es darles todo, sino ofrecerles los medios para superarse y seguir adelante”.

Debido a que muchas de las mujeres llegan con sus hijos, el centro promueve el Programa Aprender Jugando, con el cual procuran favorecer la socialización de los niños, para que asimilen “el por qué están en esa situación y sepan que sus padres no pueden demostrar su cariño en ese momento, pero sí los aman  y están buscando para ellos una mejor condición de vida”; además se les habla sobre sus derechos, sobre la importante que son cada uno de ellos, de autoestima y sobre todo se busca “mantener encendida la chispa por el estudio ya que por su corta estancia, no pueden llevar un programa escolarizado”.

No menos importante es la atención religiosa, donde se busca que las migrantes comprendan que “andar por los caminos de la tierra es considerado como signo del camino de la fe y la búsqueda de Dios con la historia de la Salvación de cada uno”. El objetivo fundamental es catequizar y evangelizar a los migrantes para que reafirmen su fe, para vivir la experiencia migratoria en esperanza.

La labor que desarrollan las Misioneras de San Carlos comprende también el trabajo de capacitación de voluntarios para la pastoral migratoria; por ello, a lo largo del año ofrecen cursos y talleres para agentes de esta pastoral y reciben a jóvenes que desean prestar sus servicios en el Centro.

Las hermanas Misioneras de San Carlos Borromeo-Scalabrinianas, tienen claro que al acoger en la Casa Madre Assunta a las mujeres migrantes y a sus hijos, acogen en ellas a Cristo Peregrino, que invita a solidarizarse con el itinerante y desterrado: “Fui forastero y me acogiste”.

 
 

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