Por P. Fernando Pascual

Numerosos pueblos han alabado la justicia y sus beneficios, y han condenado la injusticia por los enormes males que provoca.

Como botón de muestra, conservan una sorprendente actualidad algunas páginas de Hesíodo, escritor griego que habría vivido en el siglo VIII a.C.

En su obra Trabajos y días contrapone qué ocurre en la ciudad justa y qué pasa en la ciudad injusta. Sobre la primera dice lo siguiente:

“Para aquellos que dan veredictos justos a forasteros y ciudadanos y no quebrantan en absoluto la justicia, su ciudad se hace floreciente y la gente prospera dentro de ella; la paz nutridora de la juventud reside en su país y nunca decreta contra ellos la guerra espantosa Zeus de amplia mirada. Jamás el hambre ni la ruina acompañan a los hombres de recto proceder, sino que alternan con fiestas el cuidado del campo. La tierra les produce abundante sustento y, en las montañas, la encina está cargada de bellotas en sus ramas altas y de abejas en las de enmedio. Las ovejas de tupido vellón se doblan bajo el peso de la lana. Las mujeres dan a luz niños semejantes a sus padres y disfrutan sin cesar de bienes. No tienen que viajar en naves y el fértil campo les produce frutos”.

La descripción de la ciudad injusta es muy diferente:

“A quienes en cambio solo les preocupa la violencia nefasta y las malas acciones, contra ellos el Crónida Zeus de amplia mirada decreta su justicia. Muchas veces hasta toda una ciudad carga con la culpa de un malvado cada vez que comete delitos o proyecta barbaridades. Sobre ellos desde el cielo hace caer el Cronión una terrible calamidad, el hambre y la peste juntas, y sus gentes se van consumiendo. Las mujeres no dan a luz y las familias menguan por determinación de Zeus Olímpico; o bien otras veces el Crónida les aniquila un vasto ejército, destruye sus murallas o en medio del ponto hace caer el castigo sobre sus naves”.

Esta contraposición, sin embargo, parece quedar desmentida ante lo que vemos a lo largo de la historia. ¿No ocurre que hombres y ciudades injustas parecen triunfar y ser felices muchos años, mientras que hombres y ciudades justas sucumben ante males inexplicables y agresiones de poderosos?

A pesar de que la historia refleje el triunfo aparecen de tantos injustos, la injusticia siempre será un fracaso para uno mismo, para quienes sufren por su culpa, incluso para pueblos enteros.

Vivir en la justicia, en ocasiones, resulta difícil, incluso heroico. Pero vale infinitamente más una vida honesta y sana que la vida de quienes se dejan llevar por sus pasiones y cometen injusticias sobre inocentes.

La decisión entre la justicia y la injusticia está ante cada uno, como en la famosa escena de Hércules ante la virtud y el vicio. La decisión está en nuestras manos.

Por eso pedimos ayuda a Dios y a tantas personas buenas para que nos ayuden a apartarnos de cualquier forma de injusticia, odio, vanagloria, avaricia, y para que así triunfe en nuestros corazones el deseo de vivir la verdadera justicia en el amor.

 
Imagen de Filmbetrachter en Pixabay


 

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