ESTA IGLESIA NUESTRA | ¿A dónde vamos después de Aparecida?

La Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Aparecida, Brasil, mayo 2007) se realizó en un momento difícil para la Iglesia. Los obispos lo reconocieron en un texto que revela la profundidad de la crisis: “No resistiría a los embates del tiempo una fe católica reducida a bagaje, a elenco de algunas normas y prohibiciones, a prácticas de devoción fragmentadas, adhesiones selectivas y parciales de las verdades de la fe, a una participación ocasional en algunos sacramentos, a la recepción de principios doctrinales, a moralismos blandos o crispados que no convierten la vida de los bautizados”.

El documento continúa: “Nuestra mayor amenaza es el mediocre pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia, en el cual, aparentemente, todo procede con normalidad, pero en verdad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad”. (DAp 12).

En este sentido, el sacerdote chileno y profesor de teología en el Instituto Alfonsiano de Teología y Pastoral de Santiago de Chile, Sergio Torres González, pondera el diagnóstico adecuado de la situación de la Iglesia que hicieron los obispos participantes; y valora las diversas propuestas que formularon los pastores para definir la misión de la Iglesia frente a los desafíos actuales:

“Estas propuestas exigen grandes cambios que muchos deseaban realizar desde hace tiempo y que se han retardado por diversas razones. El documento de Aparecida plantea desde el principio que la Iglesia está llamada a reflexionar profundamente y a relanzar con fidelidad y audacia su misión en las nuevas circunstancias latinoamericanas y mundiales. Si esos cambios no se realizan aumentará su desilusión y frustración”, señala el teólogo chileno.

Redoblar esfuerzos en la aplicación de Aparecida

El padre Torres González hace eco a lo que en el ámbito eclesial latinoamericano se dice respecto a Aparecida: “fue un tiempo de Gracia y es un inmenso don de Dios para la Iglesia de América Latina y el Caribe”; pero señala que es preciso que los católicos acojamos bien el documento conclusivo, lo entendamos y nos motivemos para aplicarlo, aun con todo y que en una buena parte de los fieles de este continente “hay un gran desconocimiento de este acontecimiento eclesial”.

Así las cosas, el sacerdote chileno enfrenta la cuestión en torno a que en la Iglesia se formulan muchos documentos que los fieles no siempre son capaces de conocer y asimilar. Ya Paulo VI señalaba, a propósito del Concilio Vaticano II: “los documentos, más que un punto de llegada, son un punto de partida para nuevos objetivos”.

Por eso el autor insta a redoblar esfuerzos para que se den las condiciones en las que el pueblo de Dios que peregrina en estas tierras latinoamericanas y caribeñas pueda recibir y asimilar el mensaje de Aparecida:

“El tiempo pos-Aparecida es una nueva etapa, también conducida por el Espíritu Santo, de interpretación y reapropiación del documento conclusivo. Un tiempo para complementarlo, enriquecerlo y confrontarlo con la vida propia de las comunidades”, acota Torres González.