Por Mónica Muñoz |

Cuántas veces hemos escuchado frases como: “¿para qué apurarse? El mundo no se va a acabar”, o “sí lo hago, pero espérame tantito” que más bien suenan a excusa, porque existen personas que viven tan tranquilamente, como si el mundo estuviera estático, nada les perturba el sueño ni les provoca ansiedad, casi siento envidia por ellas, tienen una salud poco menos que perfecta gracias a que desconocen el significado de la palabra estrés. Pero hay algunos que exageran. No es que su carácter sea flemático, sino que verdaderamente rayan en la flojera.

Para esas personas existen muchas definiciones, algunas tan peyorativas y vulgares que de ninguna manera voy a mencionar, pero que describen a la perfección al que se gana el título a pulso.

Y es que, desafortunadamente, hay seres humanos que desperdician tiempo y vida en nada, tal parece que esperan que todo les caiga de cielo, sin ningún esfuerzo de por medio. Es penoso darnos cuenta de que, teniendo todas sus capacidades físicas, juventud y fuerza, haya personas que prefieran pedir limosna en lugar de conseguir un trabajo. Por supuesto que estoy tocando un tema muy complicado, porque también los hay que luchan por obtener el sustento diario y se auto-emplean en lo que sea, cuidando coches o limpiando casas, e incluso hay casos admirables donde a base de esfuerzo y perdiendo el miedo al rechazo, las personas se superan tanto que han llegado a concluir una carrera profesional.

Sin embargo, no toda la gente es así, claro que la falta de oportunidades hace que la gran mayoría de la población en nuestro país viva en condiciones de pobreza, teniendo que trabajar en lo que sea y ganando salarios irrisorios, pero también sé de algunos que, obteniendo apoyos gubernamentales y subsistiendo apenas, evitan a toda costa conseguir empleo para no perder la ayuda brindada por equis programa.

Lamentablemente, lo único que ocurre es que cada vez hay más pedigüeños y lo que es peor, amantes de lo ajeno que esperan cualquier descuido de los legítimos dueños para quedarse con sus bienes.

El punto es que, para ahorrarse la fatiga, muchos jóvenes prefieren ver pasar la vida sin sacar provecho de sus talentos, haciendo de su día a día un cúmulo de tiempo perdido. Desde hace unos años son conocidos como NINIS, porque ni estudian ni trabajan, viven de lo que sus padres pueden proveerles, resultando que llegan más allá de la mayoría de edad sin oficio ni beneficio. Y es entonces cuando se trata de culpar a quien sea, todos son responsables de las desgracias que aquejan a esta generación, menos ellos mismos.

O bien, quienes tienen trabajo, lo realizan con pereza, mal hecho, haciendo sólo acto de presencia en el lugar donde deberían desquitar su sueldo, pues aunque pueda ser poco, han acordado con el dueño recibirlo después de laborar determinado número de horas. Y desafortunadamente, estos jóvenes cambian de empleo como de calcetines, no duran en ningún lado ni realizan sus tareas con gusto, ánimo ni empeño.

¿Qué ocurre?, creo que la flojera se contagia y es necesario deshacernos de ese mal, nada bueno puede traer al hombre o mujer una actitud de holgazanería mientras pueda hacer algo para remediar sus males, también es urgente inculcar en los niños la diligencia ante el trabajo, así estaremos asegurando su futuro, pues alguien dinámico y trabajador, donde quiera cabe.

Recuerdo los consejos que los antiguos mexicanos de la época prehispánica daban a sus hijos e hijas, muchos de los cuales se referían al trabajo, a aplicarse en actuar con presteza, sin ser carga para los demás. En ese sentido, ojalá regresemos a nuestros orígenes y valoremos nuestras capacidades con las cuales somos aptos para ganarnos el sustento y hacer de nuestros espacios, lugares acogedores, verdaderos hogares y sitios colmados de hospitalidad para los visitantes, sin dar lugar a la vagancia y ociosidad. Que seamos conscientes de que podemos facilitar la vida de otros, sencillamente haciendo lo que nos corresponde, bien y de buen modo, les aseguro que, sólo con eso, muchos de nuestros problemas quedarían resueltos.