Por Leo García-Ayala |

Mi primo Santiago llegó a casa para presumirme su más reciente adquisición: un nuevo teléfono celular, más sofisticado, con mayor capacidad para almacenar archivos de audio o imágenes, cámara con mayor resolución, pantalla más nítida. En una palabra, toda una joya, el último grito de la moda en comunicación móvil.

“¿Cuántos celulares llevas comprados desde que los usas?” le pregunté casi en automático. “Doce”, respondió de inmediato, con una cara de orgullo. Doce en cuatro años. Todo un récord. Habrá que decir que el buen Santi sólo tiene 17 años.

Úsese y tírese

El encuentro con mi primo me hizo pensar en cuántos aparatos compramos y desechamos todos los años. Lo veo en mi escuela, lo veo con mis compañeros de futbol, lo veo en mi familia. Cámaras, laptops, videojuegos… ¡Y eso que estamos en crisis económica!

No cabe duda que ese adjetivo que nos han endilgado los sociólogos a los jóvenes de hoy nos viene como anillo al dedo: “generación desechable”, nos dicen.

Y no tiene que ver sólo con los envases u otros utensilios, además de los aparatejos que ya enuncié antes. No. Por desgracia también parece que nuestra vida, nuestras amistades, noviazgos, planes, decisiones, compromisos son al estilo “úsese y tírese”.

Entre la inmediatez y la superficie

Con verdadera preocupación le pregunté a uno de mis profes que opinaba sobre esto y qué podríamos hacer, porque estas actitudes de “úsese y tírese”, las veo donde quiera, incluso en el grupo juvenil de la Iglesia.

El maestro me hizo ver que los jóvenes de hoy nos adaptamos sorprendentemente a nuestro cambiante entorno, que, por eso, para sentirnos “vivos” vamos corriendo al paso que nos marcan los productores de modas y necesidades. “Ustedes viven en la inmediatez y en la superficie”.

Además, gracias a la tecnología, nos hemos formado en la “ley del menor esfuerzo”, donde todo se consigue con oprimir un botón. ¡Hasta a los amigos que ya nos “caen gordos” los borramos con un botón!, pensé recordando mis contactos del cel, del mensajero y el face.

“Lo que tenemos que hacer es reforzar los valores como el esfuerzo, que tiende a vivirse debido a la inmediatez con la que se pueden conseguir las cosas, así como el cuidado que se les debe tener, y no sólo usar y tirar porque ya salió una nueva versión archiultrarrecargada”.

Me dijo que otro valor que debería inculcarse a nuestra generación tiene que ver con la convivencia y la solidaridad “cara a cara”, y no mediante las herramientas que nos hacen tener miles de “amigos y seguidores” virtuales.

El profesor me urgió a contagiar a mis compañeros a “salir a la calle y cambiar el mundo”. ¡Vaya! La tarea sí que es enorme.