“Ante Dios todos somos pecadores y necesitados de perdón”, recordó el Papa Francisco este domingo, previo al rezo del Ángelus en la plaza de San Pedro, al hablar sobre el Evangelio de este día que, entre otros temas, toca el tema de la corrección fraterna.

El Papa dijo que  “Jesús nos enseña que si mi hermano cristiano comete una culpa contra mí, me ofende, yo debo usar la caridad hacia él, antes que todo, hablarle personalmente, explicándole que aquello que ha dicho o hecho no es bueno ¿Y si el hermano no me escucha? Jesús sugiere una intervención progresiva: primero, vuelve a hablarle con otras dos o tres personas, para que sea más consciente del error que ha cometido; si, no obstante esto, no acoge la exhortación, es necesario decirlo a la comunidad; y si tampoco escucha a la comunidad, es necesario hacerle percibir la fractura y el distanciamiento que él mismo ha provocado, haciendo venir a menos la comunión con los hermanos en la fe”.

El Santo Padre señaló que “las etapas de este itinerario indican el esfuerzo que el Señor pide a su comunidad para acompañar a quien se equivoca, para que no se pierda. Es ante todo necesario evitar el clamor de la habladuría y el cotilleo de la comunidad”; y recalcó que  “la actitud es de delicadeza, prudencia, humildad, atención hacia quien ha cometido una culpa, evitando que las palabras puedan herir y matar al hermano”.

De inmediato recordó que también las palabras matan: “Cuando hablo mal. Cuando hago una crítica injusta, cuando con mi lengua ‘saco el cuero’ a un hermano, esto es matar la reputación del otro”.  Y señaló que “esta discreción tiene la finalidad de no mortificar inútilmente al pecador”.

Recordó que la corrección fraterna tiene como objetivo “ayudar a la persona a darse cuenta de aquello que ha hecho, y que con su culpa ha ofendido no solamente a uno, sino a todos. Pero también ayudarnos a librarnos de la ira o del resentimiento, que sólo nos hacen mal: aquella amargura del corazón que trae la ira y el resentimiento y que nos llevan a insultar y a agredir”.

Francisco hizo recordar una realidad: “ante Dios todos somos pecadores y necesitados de perdón.  Jesús, de hecho, nos ha dicho no juzgar. La corrección fraterna es un aspecto del amor y de la comunión que deben reinar en la comunidad cristiana. Es un servicio recíproco que podemos y debemos darnos los unos a los otros. Corregir al hermano es un servicio, y es posible y eficaz solamente si cada uno se reconoce pecador y necesitado del perdón del Señor. La misma consciencia que me hace reconocer el error del otro, me hace acordar que yo me equivocado primero y que me equivoco tantas veces”.