Este 3 de octubre se cumple un año de la “tragedia de Lampedusa”, cuando 368 emigrantes perdieron la vida en el mar, tratando de llegar a la isla de Lampedusa, Italia, buscando un mejor futuro para sus familias. Esta misma semana el Papa Francisco recibió a una delegación de eritreos supervivientes del naufragio. A ellos les dijo:

”He oído cosas que no se pueden decir porque no hay palabras para hacerlo. Todo lo que habéis sufrido se contempla en silencio, se llora y se busca una forma para estar cerca de vosotros. A veces, cuando parece que se ha llegado al puerto hay situaciones muy duras. Se encuentran puertas cerradas y no se sabe donde ir. Pero también hay muchas personas que os abren sus corazones. Y la puerta del corazón es la más importante en esos momentos”.

Uno de los refugiados se dirigió al Papa pidiendo su ayuda para, entre otras causas, el reconocimiento de los cadáveres que en algunos casos todavía no se ha podido llevar a cabo y una joven dio las gracias a Francisco por su interés y su ayuda a los emigrantes y refugiados.

No dejar hundir la esperanza

Las misioneras scalabrinianas, cuyo carisma es precisamente la ayuda a los migrantes, hacen recuerdo, en un comunicado publicado en su página web, de este lamentable hecho:

“Tres de octubre de 2014, regresamos con el pensamiento hacia un año atrás: 368 emigrantes muertos en aguas de nuestro mar. Y luego otros 60, y otros 40 más, y otros 35, y otros y otros más sin parar de contar. Hoy rezamos por estos nuestros hermanos y hermanas “. Lo recuerda sor Neusa de Fatima Mariano, Superiora general de las Misioneras Scalabrinas,

“Con el pensamiento regresamos a las imágenes de cuerpos que flotaban antes de hundirse y como con ellos se hundieron sus historias y sus esperanzas. Hoy no queremos conmemorar una tragedia, que lleva consigo muchas contradicciones, indiferencias, silencios, sino que queremos celebrar el día de la acogida de los supervivientes, de la tragedia de los vivos, de los sueños de los menores no acompañados”.

La tristeza que sentimos se convierte en emoción y decisión de llevar a cabo acciones concretas en el nombre de Jesús que hoy nos dice: ‘Fui forastero y me acogisteis’ . Educarnos a nosotros mismos en un poco más de humanidad y en hacernos guiar por la conciencia, como legado de este día de recuerdo”. Termina