Por Felipe de J. Monroy, Director de Vida Nueva México |

Publicado el mensaje final de los obispos mexicanos reunidos en su 98 Asamblea Plenaria me gustaría destacar un par de cosas en primera instancia: finalmente las palabras hacen justicia a la violenta realidad del país y las pautas dibujadas del rechazo social al drama de la corrupción e impunidad les incluyen como destinatarios (y no solo como testigos) del clamor popular.

Además de reiterar en primera persona el hartazgo compartido de la sociedad mexicana manifiestan su adhesión al “clamor generalizado” y visibilizan a “las miles de víctimas anónimas” de todo el país. Con esta declaración, se ubican en una posición y en su consecuente compromiso.

“Reconocemos que la situación del país ha empeorado, desatando una verdadera crisis nacional. Muchas personas viven sometidas por el miedo, la desconfianza al encontrarse indefensas ante la amenaza de grupos criminales y, en algunos casos, la lamentable corrupción de las autoridades. Queda al descubierto una situación dolorosa que nos preocupa y que tiene que ser atendida por todos los mexicanos, cada uno desde su propio lugar y en su propia comunidad”, dice el comunicado.

Se trata de un mensaje inusual porque no apela a las autoridades hoy legalmente constituidas, no les exhorta, exige, reclama o recomienda nada, porque la respuesta no solo está en sus manos. En el mensaje, los obispos reconocen en las instituciones de ciudadanía, sociedad civil, familia y Estado valores superiores al de los regímenes vigentes en cada nivel de la administración pública: “Estamos en un momento crítico. Nos jugamos una auténtica democracia que garantice el fortalecimiento de las instituciones, el respeto de las leyes, y la educación, el trabajo y la seguridad de las nuevas generaciones, a las que no debemos negarles un futuro digno. Todos somos parte de la solución que reclama en nosotros mentalidad y corazón nuevos, para ser capaces de auténticas relaciones fraternas, de amistad sincera, de convivencia armónica, de participación solidaria”.

Como respuesta al enardecimiento social presente en diferentes latitudes del país, los obispos sugieren pasar de la indignación a la acción, de la protesta a la propuesta; pues de lo contrario, afirman, serán los “buitres” quienes estarían al acecho “de los despojos del país”.

En el mensaje, los obispos se comprometen y comprometen a los miembros de la Iglesia católica a participar en los procesos de reconciliación y búsqueda de paz. A proponer “la vía pacífica, que privilegia el diálogo y los acuerdos transparentes, sin intereses ocultos, es la que asegura la participación de todos para edificar un país para todos”. Una delicada declaración toda vez que las células del poder señalados de corrupción han buscado a diferentes liderazgos sociales, mediáticos, empresariales y religiosos para ‘pactar el silencio’ y minimizar el drama social estructural.

“En medio de esta crisis vemos con esperanza el despertar de la sociedad civil que, como nunca antes en los últimos años, se ha manifestado contra la corrupción, la impunidad y la complicidad de algunas autoridades”.

Lo dicho: palabras más próximas a la realidad en este mensaje y una serie de compromisos que pueden (y deben) ser verificados y juzgados por la ciudadanía durante la deseable reconstrucción de la confianza entre las instituciones que logren dinamizar la paz, la concordia y la reconciliación.@monroyfelipe