Por Gilberto Hernández García |

Más de un centenar de religiosas, religiosos, seminaristas, sacerdotes y fieles de las Iglesias católica, anglicana y evangélica, acompañaron la movilización de los padres y familiares de los normalistas de Ayotzinapa, desaparecidos desde hace cuatro meses, en su búsqueda de justicia.

Convocados por el colectivo “Comunidades para la justicia y la paz” y por “Iglesias por la paz”, que reúne a miembros de distintas confesiones cristianas, los participantes realizaron una celebración ecuménica en la Estela de luz (que estos colectivos han rebautizado como Estela de paz), donde, iluminados por textos sagrados y el espíritu de los signos de los tiempos, oraron por los jóvenes normalistas desaparecidos y pidieron la fortaleza para los padres y familiares para que no desfallezcan en su búsqueda.

Durante la celebración ecuménica se hizo una fuerte denuncia de la estrategia que ha asumido el Gobierno, en sus tres niveles, en complicidad con los grandes medios de comunicación,  de apostarle al olvido para desgastar las exigencias de justicia, que evite que esta situación pase a engrosar la larga lista de impunidad en el país.

En la parte reflexiva de la celebración participaron tres familiares de los normalistas desaparecidos, quienes hablaron del dolor permanente que ha significado este lamentable hecho; además siguieron llamando a la sociedad civil, y en este caso  las organizaciones religiosas, para que sigan acompañando sus demandas: la aparición de los jóvenes secuestrados y el castigo a los responsables.

Los organizadores de lo que llamaron “ora-cción”, comentaron que más allá de hacer una convocatoria multitudinaria para la celebración ecuménica, se buscaba mantener el carácter simbólico de la misma, que ayude a hacer visible la demanda de justicia y el compromiso de los creyentes,  fieles y pastores, de “caminar con el pueblo pobre, crucificado, excluido” que anhela la vida en abundancia que Jesús ha anunciado.

Luego de la celebración, los participantes se unieron a la marcha, que partió del Auditorio Nacional al Zócalo,  en compañía de sindicatos, universitarios y familias. Durante el trayecto la gente que observaba la movilización manifestaba su asombro y beneplácito por la presencia de las Iglesias.