Por Fernando Pascual |

Uno de los grandes peligros en la vida cotidiana consiste en hacer cosas sin tener claras las prioridades.

Contestamos mensajes del correo electrónico, leemos noticias de Internet, vemos algún vídeo interesante, escuchamos música, damos un vistazo a un libro, arreglamos un monitor… Pero, ¿de verdad eso era lo más importante para uno mismo, para la familia, para el lugar de trabajo, para la sociedad?

Es cierto que resulta mucho más fácil encender la computadora y navegar por Internet que sentarse un momento para analizar las prioridades que tenemos ante nosotros. Pero también es cierto que sin tener claro lo que es realmente importante no conseguiremos aprovechar el tiempo de modo eficaz.

Por eso, una de las claves fundamentales en la vida de las personas y de las instituciones consiste en individuar los asuntos más importantes, y, entre ellos, los urgentes, para luego acometerlos con decisión y empeño.

Entonces descubriremos, casi con sorpresa, que teníamos a disposición mucho más tiempo del que imaginábamos. ¿Por qué? Porque dejamos de lado actividades, algunas muy interesantes pero prescindibles, y organizamos el día y la semana para atender seriamente aquellos asuntos que merecían lo mejor de nosotros mismos.

Trabajar según prioridades es lo único realmente eficaz, si bien exige mucho. Porque acometer lo arduo asusta, mientras que contestar correos de amigos o actualizar las fotos en las redes sociales resulta gratificante en lo inmediato pero dañino al desparramar nuestro tiempo.

Hoy puedo trabajar según prioridades. Atenderé entonces asuntos que necesitan una respuesta inmediata y conseguiré una mayor tranquilidad en mi alma que sabré comunicar a quienes viven a mi lado. Lo cual, en un mundo inquieto y de prisas como el nuestro resulta sumamente valioso, además de que nos permite alcanzar un estilo de vida sano y constructivo.

 

 

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