El Papa Francisco ha comenzado en Quito, Ecuador, su visita pastoral a América Latina. Después de este país irá a Bolivia y Paraguay.

Al arribar a Ecuador, el Santo Padre pidió al pueblo: “nunca pierdan la capacidad de dar gracias a Dios por lo que hizo y hace por ustedes, la capacidad de proteger lo pequeño y lo sencillo, de cuidar de sus niños y ancianos, de confiar en la juventud, y de maravillarse por la nobleza de su gente y la belleza singular de su País”.

“Doy gracias a Dios – dijo el Papa – por haberme permitido volver a América Latina y estar hoy aquí con ustedes, en esta hermosa tierra del Ecuador. Siento alegría y gratitud al ver la calurosa bienvenida que me brindan: es una muestra más del carácter acogedor que tan bien define a las gentes de esta noble Nación”.

Poco después, el Papa recordó que él había visitado Ecuador en varias ocasiones por razones pastorales: “así también hoy, vengo como testigo de la misericordia de Dios y de la fe en Jesucristo. La misma fe que durante siglos ha modelado la identidad de este pueblo y dado tan buenos frutos”.

Hoy, subrayó, ” también nosotros podemos encontrar en el Evangelio las claves que nos permitan afrontar los desafíos actuales, valorando las diferencias, fomentando el diálogo y la participación sin exclusiones, para que los logros en progreso y desarrollo que se están consiguiendo garanticen un futuro mejor para todos, poniendo una especial atención en nuestros hermanos más frágiles y en las minorías más vulnerables”. Estos, añadió improvisando, “son la deuda que aún tiene toda América Latina. Para esto, señor Presidente, siempre se puede contar con el compromiso y la cooperación de la Iglesia para servir a este pueblo ecuatoriano, que se creó con dignidad”.

Francisco dejó en claro comenzar este viaje “con expectativas y esperanza”. En Ecuador, añadió, ” En Ecuador está el punto más cercano al espacio exterior: es el Chimborazo, llamado por eso al lugar “más cercano al sol”, a la luna y las estrellas. Nosotros, los cristianos, identificamos a Jesucristo con el sol, y a la luna con la iglesia, la comunidad; nadie, excepto Jesús, tiene luz propia”. Hablando de nuevo improvisando, añadió: “Y si la luz está oculta, se hace oscuro. Y la luz es Jesucristo, y si la Iglesia se aleja de Jesús, ya no brilla, no da testimonio. Nadie, excepto Jesús, brilla su luz. Que estos días se nos haga más evidente a todos la cercanía «del sol que nace de lo alto», (Lc 1:78), y que seamos reflejo de su luz, de su amor”.

Por lo tanto, concluyó el Papa, “Quiero abrazar al Ecuador entero. Que desde la cima del Chimborazo, hasta las costas del Pacífico; desde la selva amazónica, hasta las Islas Galápagos, nunca pierdan la capacidad de dar gracias a Dios por lo que hizo y hace por ustedes, la capacidad de proteger lo pequeño y lo sencillo, de cuidar de sus niños y ancianos, de confiar en la juventud, y de maravillarse por la nobleza de su gente y la belleza singular de su País. Que el Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María, a quienes Ecuador ha sido Consagrado, derramen sobre ustedes su gracia y bendición. Muchas gracias”.