Por Sergio GUZMÁN, S.J. │

Espero que toda forma de vida consagrada se pregunte

 sobre lo que Dios y la humanidad de hoy piden.

Papa Francisco

 

“Es oportuno que cada familia carismática recuerde este Año sus inicios y su desarrollo histórico, para dar gracias a Dios, que ha dado a la Iglesia tantos dones, que la embellecen y la preparan para toda obra buena  […] El Año de la Vida Consagrada no sólo afecta a las personas consagradas, sino a toda la Iglesia. Me dirijó, pues a todo el pueblo cristiano, para que tome conciencia cada vez más del don de tantos consagrados y consagradas, herederos de grandes santos que han fraguado la historia del cristianismo. ¿Qué sería la Iglesia sin san Benito y san Basilio, san Agustín y san Bernardo, san Francisco y santo Domingo, sin san Ignacio de Loyola y santa Teresa de Ávila, santa Ángela Merici y san Vicente de Paúl?”, leemos en la Carta Apostólica que el Santo Padre Francisco escribió a todos los consagrados con ocasión del Año de la Vida Consagrada que comenzó el 30 de noviembre del 2014 y terminará en la fiesta de la Presentación del Señor, el 2 de febrero de 2016.

Recomiendo a continuación una serie de películas para ver y comentar en este Año de la Vida Consagrada. Películas de hombres y mujeres que en un determinado momento se preguntaron sobre lo que Dios y la humanidad pedían y se consagraron en un instituto religioso, fundaron o renovaron… para ser fiel al llamado de Dios en esa realidad concreta. O como también dice el Papa en la Carta Apostólica, encontraron “la vida dando la vida, la esperanza dando esperanza, el amor amando”.

 

Hermano sol, hermana luna de Franco Zeffirelli (Italia, 1972, 130 min.)

Hermano sol, hermana luna es una película llena de color, belleza y poesía sobre la vida de san Francisco de Asís (1181-1226) y santa Clara (1194-1253). En poco más de dos horas podemos contemplar a Francisco cuando regresa enfermo y arrastrando los pies después de participar en una cruzada, cuando recuerda su vida llena de lujos, cuando baja a la tintorería de su padre y se conmueve hasta las lágrimas de la miseria de los obreros, cuando empieza su conversión y se despoja de su ropa para vivir en pobreza, cuando se va al campo y reconstruye una vieja iglesia, cuando Clara lo busca y se entusiasma en con este estilo de vida, cuando inspira a tantos jóvenes a vivir el Evangelio. Francisco (Hermano sol) y Clara (Hermana luna) son dos grandes santos y fundadores que Zeffirelli nos retrata de una manera hermosa.

 

San Agustín de Christian Duguay (Italia-Alemania, 2010, 240 min.)

Película –más bien miniserie- que nos presenta la vida de san Agustín (354-430) sustentada en hechos históricos y en sus mismas confesiones; pero también con algunos anacronismos o elementos de ficción que sirven más bien a la trama. La historia comienza con el asedio de la ciudad de Hipona por parte de los vándalos (en el año 430). Agustín es obispo y él mismo nos cuenta su vida desde su juventud y cómo buscaba con inquietud la verdad en la filosofía; cómo pasó del maniqueísmo al escepticismo hasta encontrarse finalmente con Cristo. El Papa emérito Benedicto XVI comentó al final de una proyección: “La Verdad, que es más fuerte que cualquier obstáculo, encuentra al ser humano […]. La Verdad, que es Persona, nos encuentra”. Impactantes y sugerentes imágenes de esta película nos pueden llevar a decir con san Agustín: “Nos hiciste Señor para ti, inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en ti”.

 

San Felipe Neri de Giacomo Campiotti (Italia, 2010, 200 min.)

En el siglo XVI, en pleno Renacimiento, pero también en medio de profundas crisis al interior de la Iglesia, aparece san Felipe Neri (1515-1595): un hombre alegre y lleno de fe que reúne a un grupo de niños, con quienes canta, juega y les habla de la Buena Nueva de Jesús. En 1544 Felipe buscó a Ignacio de Loyola para ofrecerse a ir como misionero a Asia… después desistió para abocarse de tiempo completo a reevangelizar la ciudad de Roma: predicando en los mercados y las plazas, visitando a los enfermos en los hospitales, fundado oratorios, induciendo a otros a acompañarlo. Por este motivo se le llamaría más tarde el Apóstol de Roma. La película está muy bien llevada e insiste en que vivir y predicar el Evangelio puede ser una alegre aventura. Por supuesto pueden resonar en nosotros aquellas palabras de Pablo a los filipenses: “Estén siempre alegres en el Señor; les repito, estén alegres” (Flp 4, 4).

 

Monsieur Vincent de Maurice Cloche (Francia, 1947, 111 min.)

Esta película –ganadora del Óscar a la mejor película extranjera en 1949- nos presenta la vida de san Vicente de Paúl (1581-1660): sacerdote que dedicó su vida a paliar las miserables condiciones de vida de los campesinos pobres en Francia, sobre todo después de la guerra de la Fronda (1648-1653). Fundador de la Congregación de la Misión y, junto con Luisa de Merillac, de la Compañía de las Hijas de la Caridad. Hombre de fe que asumió el conflicto, la persecución y el rechazo de la gente de la ciudad en su afán de practicar las obras de misericordia: visitar a los enfermos, dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, redimir al cautivo, enterrar a los muertos. Una excelente película que nos recuerda que “la fe: si no tiene obras, está completamente muerta” (Sant 2, 17).

 

Thèrése de Alian Cavalier (Bélgica, 1986, 90 min.)

Con un buen guión, dirección y montaje somos introducidos en el Carmelo de Lisieux donde conocemos a una joven alegre, tierna, llena de amor por la vida y por Jesús: santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz (1873-1897). Thèrése es un retrato íntimo de esta gran santa canonizada por Pío XI en 1925, declarada con Francisco Javier patrona de las misiones en 1927 y doctora de la Iglesia por Juan Pablo II en 1997. Aclamada por el público y la crítica especializada, esta película ganó el Gran Premio del Jurado del Festival de Cannes en 1986. En sus quehaceres cotidianos, en sus alegrías, en la noche oscura de la fe, en la misma enfermedad, santa Teresita vive lo que escribió en Historia de un alma: “En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, quiero ser amor”.

 

En el gran silencio de Philip Gröning (Alemania-Francia-Suiza, 2005, 164 min.)

En 1984 el director alemán Phillip Gröning pidió permiso a la Orden de los Cartujos para rodar una película en el interior de uno de sus monasterios. Le dijeron que era demasiado pronto. Quizás más adelante. Dieciséis años después recibió una llamada. Había llegado la hora… En el gran silencio Gröning nos adentra con su cámara -sin equipo de iluminación, sin entrevistas, sin comentarios- en la vida cotidiana de un monasterio enclavado en los Alpes franceses. Con respeto y reverencia, la cámara se coloca en un sitio y desde un rincón -como quien no quiere perturbar o distraer- somos testigos de lo que pasa día tras día dentro de la Gran Cartuja: una vida de oración, de estudio, de trabajo en el campo… una vida de fe en un ambiente de profundo y gran silencio.

 

¿Quién sabe cuánto cuesta hacer un ojal? de Ricardo Larraín (Chile, 2005, 90 min.)

Esta película cuenta la historia de san Alberto Hurtado desde su niñez y juventud hasta su entrada a la Compañía de Jesús. Todo trasnscurre a principios de 1900, cuando el joven Alberto (Iván Alvarez de Araya, en una actuación estupenda y creíble), se pregunta por el sentido de su vida, de su fe como cristiano, de su vocación. En esta búsqueda pronto nos conectamos con él: cuando va al campo, a la universidad o con las costureras; cuando platica con su madre, cuando sale con los amigos, cuando ora y platica con su padre acompañante. ¿Quién sabe cuánto cuesta hacer un ojal? es una película emotiva, que nos cuestiona, que nos invita a juntar la fe con la obras (Cf. St 2, 17-18) o como decía san Alberto a “juntar las manos para rezar”, pero también “ocuparlas  en ayudar”.

 

De hombres y de dioses de Xavier Beauvois, Francia, 2010, 120 min.)

Ganadora del Gran Premio del Jurado y el Premio del Jurado Ecuménico del Festival de Cannes de 2010, esta película nos introduce en la vida de unos monjes cistercienses en Argelia durante la guerra civil que azotó el país entre 1991 y 2002. Con un guión basado en hechos reales, con buenas interpretaciones y una fabulosa fotografía, Beauvois nos lleva al corazón de ocho monjes que, después de muchos años de rezar, sembrar la tierra y apoyar al pueblo con algunos proyectos para hacerle frente a la enfermedad y la pobreza, tienen que decidir si abandonan el monasterio ante la crecida violencia o se quedan ahí dando su vida hasta las últimas consecuencias. He aquí un testimonio creíble e impactante del amor de unos hombres consagrados.

 

Madre Teresa de Kevin Connor (EUA, 1997, 92 min.)

Con la atinada y convincente interpretación de Geraldine Chaplin podemos penetrar en el corazón de una gran mujer: Agnes Gonxha Bojaxhiu (1910-1997), mejor conocida como la Madre Teresa de Calcuta. Incansable religiosa que salió de su convento para buscar, atender y servir a tantos pobres, enfermos, huérfanos y moribundos en Calcuta y luego en todo el mundo. En 1950 fundó la congregación de las Misioneras de la Caridad. En 1979 recibió el Premio Nobel de la  Paz y el 19 de octubre de 2003 fue beatificada por el Papa Juan Pablo II. “De sangre soy albanesa. De ciudadanía, India. En lo referente a la fe, soy una monja católica. Por mi vocación, pertenezco al mundo. En lo que se refiere a mi corazón, pertenezco totalmente al Corazón de Jesús”, manifestó en una ocasión Madre Teresa.

 

Bakhita de Giacomo Campiotti (Italia, 2008, 200 min.)

Hermosa y conmovedora película que nos narra la vida de Josefina Bakhita (1869-1947), santa africana que fue canonizada el año 2000 por el Papa Juan Pablo II y a quien el Papa emérito Benedicto XVI se refiere en su Encíclica Spe Salvi. Cuando tenía nueve años Bakhita fue secuestrada por traficantes de esclavos, golpeada y vendida cinco veces en los mercados de Sudán. En 1882 fue comprada por un mercader italiano y llevada a Italia. Ahí conoció a Jesucristo quien se revelará como su Señor y libertador, no solo de la vida de esclavitud sino como quien da un nuevo sentido al vivir de cualquier persona. En 1890 recibe el Bautismo y años más tarde se hace religiosa canossiana. “La esperanza en que ella había nacido y la había ‘redimido’ no podría guardársela para sí sola; esta esperanza debía llegar a muchos, llegar a todos” (Spe Salvi, no. 3).