Por Fernando PASCUAL |

 

Son preguntas normales en familia: “¿Has visto si mañana atiende el pediatra? ¿Sabes si el coche tiene gasolina? ¿Quedan tomates en la nevera? ¿Va a venir tu madre a comer este domingo?”

Otras preguntas son más complejas, sea por lo que tratan, sean por el tipo de respuesta que requieren. Pero en muchas ocasiones basta con responder “sí” o “no” y todo queda bastante claro.

Basta, efectivamente, o en parte no basta. Porque un “sí” o un “no” adquieren matices diferentes según la tonalidad de la voz o según pequeños añadidos que dan un nuevo color a la respuesta.

Es importante, en familia, aprovechar las ocasiones para consolidar puentes con una buena dosis de cariño. “Sí, cariño”. “No, papá”. “Ahora controlo, mamá”. “Ahora no sé, luego te digo”. Se trata de pequeños añadidos, pero que dicen mucho.

Esos añadidos surgen en ocasiones desde el respeto a normas básicas de educación, pero suelen ir más allá. Las palabras reflejan lo que hay dentro de la propia alma. Una respuesta seca puede dar a entender un interés escaso por el tema o por la persona que nos habla. Una respuesta paciente y atenta surge espontánea si hay verdadero cariño hacia el otro.

Sí, vivimos en un mundo de prisas, donde se acumulan cientos de cosas que nos gustaría llevar a cabo. En ese mundo, sin embargo, tienen un valor especial esas palabras, breves pero significativas, con las que acogemos y damos a entender al otro que nos importa, que es parte de nuestra vida, que estaríamos dispuestos a sacrificarnos por él cuando nos lanza tantas preguntas y peticiones buenas y sencillas en la convivencia de cada día.