Todos tenemos un ángel custodio, “mensajero de Dios” que está “siempre con nosotros” y que debe ser escuchado y respetado. Lo dijo el Papa Francisco durante la misa celebrada esta mañana en la casa Santa Marta, partiendo del pasaje del Libro del Éxodo en el cual Dios dice: “He aquí, yo mando un ángel delante de ti para custodiarte en el camino y para hacerte entrar en el lugar que he preparado”.

En el día de la fiesta de los Ángeles custodios, el Papa evidenció que cuando Dios echa a Adán y a Eva del Paraíso no lo deja solo, recordando oraciones y salmos para recordar como la figura del ángel custodio estuvo siempre presente en cada circunstancia de la relación entre el hombre y el cielo. Son presencias divinas que “el Señor dio a cada uno”. “Cada uno de nosotros tiene uno” que “nos acompaña”. ¡Está siempre con nosotros. Y el Señor nos aconseja: “¡Ten respeto de su presencia!”. Y cuando nosotros- por ejemplo- hagamos una maldad y pensamos que estamos solos. ¡no! Está él. Tener respeto de su presencia. Escuchar su voz, porque él nos aconseja. Cuando sentimos aquella inspiración, porque él nos aconseja. Cuando escuchamos esa inspiración: “Pero haz esto… es mejor…esto no se debe hacer…” ¡Escucha! No te rebeles a él”.

Algunas veces “pensamos que nosotros podemos esconder tantas cosas”, “cosas feas”, que al final saldrán a la luz. Y el Ángel está allí “para aconsejarnos”, para “cubrirnos”, exactamente como lo haría un “amigo”. “Un amigo que nosotros no vemos, pero que sentimos”. Un amigo que un día “estará con nosotros en el Cielo, en la gloria eterna”. “Solamente pide que los escuchemos, que los respetemos. Sólo esto: respeto y escucha. Y este respeto y escucha a este compañero de camino se llama docilidad. El cristiano debe ser dócil al Espíritu santo. La docilidad al Espíritu Santo comienza con esta docilidad a los consejos de este compañero de camino”.

Para ser dóciles es necesario ser pequeños, como los niños, o sea como aquellos que Jesús dijo que son los más grandes en el Reino de su padre. Por lo tanto, concluyó. El Ángel custodio es “un compañero de camino” que enseña la humildad y que como los niños debe ser escuchado. “Pidamos hoy al Señor la gracias de esta docilidad, de  escuchar la voz de este compañero, de este embajador de Dios que está al lado nuestro en Su nombre., que estamos sostenidos por su ayuda. Siempre en camino…Y también en esta Misa, con la cual alabamos al Señor, recordando cuán bueno es el Señor que justamente después de haber perdido la amistad, no nos dejó solos, no nos ha abandonado”.