“El Concilio Vaticano II no mira a los laicos como si fueran miembros de segunda clase, al servicio de la jerarquía o como simples ejecutores de órdenes que vienen de lo alto, sino como discípulos de Cristo”. Lo dejó en claro el Papa Francisco, la semana pasada, en un mensaje enviado a los participantes de la Jornada de estudio organizada por el Pontificio Consejo de Laicos, en colaboración con la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma, sobre el tema de la vocación y misión de los laicos.

Francisco ha insistido en que la Iglesia, partucularmente la jerarquía y algunos laicos “clericalizados”, no  debe ver a los laicos como miembros de “segunda clase” que solo ejecutan órdenes y ha recordado que pertenecen y participan junto a los miembros del orden sagrado y a los religiosos de la función sacerdotal, profética y real de Cristo mismo.

Además, ha especificado que a través de la fuerza del bautismo, los laicos “están llamados a animar todo ambiente, actividad y relación humana según el espíritu evangélico, llevando la luz, la esperanza, la caridad recibida por Cristo en los lugares que, de otra manera, permanecerían ajenos a la acción de Dios y abandonados a la miseria de la condición humana”. Para el Papa, el Concilio Vaticano II ha hecho crecer en la Iglesia la formación de los laicos.

El Pontífice creó el pasado 2 de octubre una nueva Congregación de los Laicos que engloba a los pontificios consejos para los Laicos y para la Familia, actualmente guiados respectivamente por el cardenal Stranislaw Rylko y por el obispo Vincenzo Paglia. “Decidí instituir un nuevo dicasterio con competencia sobre los laicos, la familia y la vida, que sustituirá al Pontificio Consejo para los Laicos y al Pontificio Consejo para la Familia, y al que estará vinculada la Pontificia Academia para la Vida”, comentó Francisco durante una de las sesiones de trabajo del Sínodo de obispos de la Familia.

Mucho camino nos falta por andar…