Misiones Salesianas |

Siria continúa ahogándose en un mar de sangre. La violencia no se detiene y los sonidos de las bombas y de los disparos son más fuertes que cualquier conversación y, de momento, pueden a los deseos de paz. Sin embargo, los misioneros salesianos continúan al lado de la población, de manera especial de los jóvenes, y confirman que la esperanza no ha desaparecido de sus corazones.

La seguridad hace tiempo que desapareció en Siria. El miedo es constante por la violencia que existe alrededor y que continúa extendiéndose y en aumento. Los niños han olvidado su inocencia por la amenaza de la muerte en cada esquina y cada minuto. La paz sigue esperándose, pero nadie sabe cuándo será una realidad.

El misionero salesiano Simon Zakerian cuenta la situación de dolor y destrucción que vive junto a los jóvenes y las familias que atienden los Salesianos en Alepo, Damasco y Kafroun: “Todos los días hay muertos y heridos. Todos los días hay secuestros, amenazas, desplazados… Incluso aquellos que se esconden en sus casas no son inmunes a las bombas… ¿Qué hacemos? ¿Cuál es la solución? Nadie lo sabe”.

Aún hay ejemplos de entereza y fortaleza en medio de la adversidad: “El niño que va a la escuela mientras escucha los misiles y las balas es fuerte; el padre que comienza su trabajo cada mañana mientras la violencia se impone en su ciudad, es poderoso; la madre que sale de su casa con su hija para llevarla al colegio y la espera en la esquina para llevarla de vuelta es fuerte; los jóvenes que van a la universidad sabiendo que una bomba o un misil puede poner fin a sus vidas son fuertes…”, destaca el misionero.

La población intenta continuar con su vida sin rendirse a la amargura, con mucho sacrificio y determinación para que la desesperación y el miedo no ganen a su deseo de paz, aunque ya son muchos los que se han visto obligados a dejarlo todo y huir del país.

Los jóvenes son quienes mayoritariamente quieren abandonar el país por miedo al reclutamiento forzoso y para buscar mejores oportunidades de futuro. Por eso, los misioneros salesianos, en los centros de Alepo y Damasco, ofrecen actividades para que la esperanza y la unión entre ellos les ayude a superar los traumas de la guerra y les haga perseverar en sus sueños de trabajar por la paz en su país.