Por Antonio MAZA PEREDA | Red de comunicadores católicos |

No hay la menor duda de que al Papa lo recibiremos con mucho cariño, expectativa, interés, hasta si quieren con curiosidad. Los mexicanos somos famosos por nuestra hospitalidad y entusiasmo por nuestros huéspedes. Estoy seguro de que no faltará quien le ponga al Papa un sombrero de charro y ya anunciaron que habrá tequila para que brinde con nosotros.

En medio de este entusiasmo puede haber varios modos de recibirlo, no necesariamente excluyentes, que pueden depender de nuestra personalidad y hasta del momento en que se dé el encuentro.

Podemos recibirlo como fans. Estar pendientes de todos sus movimientos, enterarnos de todos los detalles, estar cerca por donde pase, aclamarlo. Tener mucho interés por los detalles: cuántos caballos de fuerza tiene el papamóvil, de qué marca es el vehículo que usa, que comerá (en San Cristóbal de las Casas comerá arroz y pollo con champiñones, cocinados por la hermana del Señor Obispo), cuántos niños besará, cuáles serán los momentos emotivos en sus visitas a hospitales, cárceles, orfanatorios.

Podemos recibirlo como el gran personaje que nos traerá bienes. Como algunos sectores esperan: al que exorcizará a los demonios que tienen atrapado al país, el que convencerá a los narcos de no ser malos, el que persuadirá a los corruptos para que cambien o el que los excomulgará. El que logrará  mejores relaciones con el gobierno, o el que reforzará nuestra fe. Pero, sobre todo, el que nos traerá enseñanzas, nuevas ideas, un espíritu nuevo y un corazón nuevo.

O también podemos recibirlo como quien nos trae un mandato, un envío, una misión a desarrollar. Un mandato  que deseamos  saber cuál y como es, para ponernos a cumplirlo. Un espíritu proactivo, un espíritu de reconocimiento de lo que espera la Iglesia universal de la iglesia de México, los más de 100 millones de mexicanos que nos declaramos católicos. Un espíritu de disposición al servicio que la Iglesia, a través de su Sumo Pontífice, nos está pidiendo.

Distintos comunicadores tendrán diferentes enfoques, de acuerdo sobre su conocimiento de lo que es la Iglesia, y su percepción de lo que el público, su público, le interesa. Para poder profundizar en su mensaje y poder transmitir sus enseñanzas y su mandato, se necesita ahondar en el tema y tener un mejor entendimiento del papel del Papa y la situación de los mexicanos que formamos la iglesia mexicana.

Aquí se está haciendo mucho. Seminarios para periodistas, para ampliar su entendimiento de esta realidad de la iglesia mexicana, muchas veces entendida únicamente como el clero mexicano sin considerar el laicado, como le ocurre a muchos comentaristas sobre estos temas. Los comunicadores católicos, que ya estamos inmersos en estas realidades, podríamos aportar una mayor profundización sobre el significado amplio  de esta trascendental visita y proporcionar  contenidos que destaquen el mandato y el mensaje de la visita papal.

También será importante ir pensando desde ahora en el seguimiento, en la post visita. Dar seguimiento a los frutos de la visita,  la reflexión sobre sus mensajes, la explicitación del mandato y su cumplimiento.

Y en esto, creo yo, los comunicadores católicos somos, no solo necesarios sino imprescindibles. ¿Estaremos a la altura de la ocasión? ¿Podremos crear las alianzas necesarias, obtener los recursos necesarios? Más importante: ¿tendremos la constancia para continuar en estos temas todo el tiempo que haga falta?