A pesar de las dificultades y el sufrimiento “¡no estamos solos! Y el signo de la presencia del Espíritu Santo es también la paz que Jesús da a sus discípulos: “Os doy mi paz” (v. 27). Es diferente de lo que los hombres están esperando y tratando de lograr. La paz de Jesús surge de la victoria sobre el pecado, el egoísmo que nos impide amarnos unos a otros como hermanos”. Lo dijo el Papa Francisco esta mañana, antes de rezar el Regina Caeli. El pontífice recordó la Pascua de los ortodoxos, la tragedia humanitaria causada por la guerra en Siria y pide un mayor respeto de la dignidad humana en el lugar de trabajo.

Comentando el Evangelio de hoy, el Papa señala como antes de enfrentarse a la pasión, “Jesús promete a los Apóstoles el don del Espíritu Santo, que tendrá la tarea de enseñar y de recordar sus palabras a la comunidad de los discípulos. Lo dice el mismo Jesús: « El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho» (Jn 14,26). ).  Enseñar y recordar. Y esto es aquello que hace el Espíritu Santo en nuestros corazones”.

“En el momento en el que está por regresar al Padre, Jesús preanuncia la venida del Espíritu que ante todo enseñará  a los discípulos a comprender cada vez más plenamente el Evangelio, a acogerlo en su existencia y a hacerlo vivo y operante con el testimonio. Mientras está por confiar a los Apóstoles – que justamente  quiere decir “enviados” –  la misión de llevar el anuncio del Evangelio por todo el mundo, Jesús promete que no se quedarán solos: el  Espíritu Santo, el Paráclito, estará con ellos, a su lado, es más, estará en ellos, para defenderlos y sostenerlos. Jesús regresa al Padre pero continúa acompañando y enseñando a sus discípulos mediante el don del Espíritu Santo”.

La misión del Espíritu tiene un segundo aspecto: “Para ayudar a los Apóstoles a recordar las palabras de Jesús. El  Espíritu tiene la tarea de despertar la memoria, recordar las palabras de Jesús. El divino Maestro ha comunicado ya todo aquello que pretendía confiar a los Apóstoles: con Él, Verbo encarnado, la revelación es completa. El Espíritu hará recordar las enseñanzas de Jesús en las diversas circunstancias concretas de la vida, para poderlas poner en práctica. Es precisamente lo que sucede todavía hoy en la Iglesia, guiada por la luz y la fuerza del Espíritu Santo, para que pueda llevar a todos el don de la salvación, o sea el amor y la misericordia de Dios”.

Por ejemplo, añade, “cuando ustedes leen todos los días – como les he aconsejado – un pasaje del Evangelio, pedir al Espíritu Santo: “Que yo entienda y que yo recuerde estas palabras de Jesús”. Y luego leer el pasaje, todos los días… Pero antes aquella oración al Espíritu, que está en nuestro corazón: “Que yo recuerde y que yo entienda””.

No estamos solos, destaca Francisco, “Jesús está cerca de nosotros, en medio de nosotros, dentro de nosotros! Su nueva presencia en la historia ocurre mediante el don del Espíritu Santo, por medio del cual es posible instaurar una relación viva con Él, el Crucificado Resucitado. El Espíritu, difundido en nosotros con los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación, actúa  en nuestra vida. Él nos guía en la forma de pensar, de actuar, de distinguir qué cosa es buena y qué cosa es mala; nos ayuda a practicar la caridad de Jesús, su donarse a los  demás, especialmente a los más necesitados”.

Signo de la presencia del Espíritu “es también la paz que Jesús dona a sus discípulos: «Les doy mi paz» (v. 27). Ella es diferente de aquella que los hombres se desean e  intentan realizar. La paz de Jesús brota de la victoria sobre el pecado, sobre el egoísmo que nos impide amarnos como hermanos. Es don de Dios y señal de su presencia. Todo discípulo, llamado hoy a seguir a Jesús cargando la cruz, recibe en sí la paz del Crucificado Resucitado en la seguridad de su victoria y en la espera de su definitiva venida”.

Tras el rezo del Regina Caeli, el Papa envía sus saludos a las Iglesias orientales que hoy celebran la Pascua, “el Señor resucitado lleve a todos los dones de su luz y su paz. Christos anesti! “.

Añadió a continuación: “Recibo con profundo dolor las noticias dramáticas provenientes de Siria, que se refieren a la espiral de violencia que sigue agravando la ya desesperada situación humanitaria del país, en particular en la ciudad de Alepo, cobrando víctimas inocentes, incluso entre los niños, los enfermos y los que con gran sacrificio están comprometidos en prestar ayuda al prójimo. Exhorto a todas las partes implicadas en el conflicto a respetar el cese de las hostilidades y a fortalecer el diálogo en curso, único camino que conduce a la paz”.

En la fiesta de San José Obrero, Francisco cita una conferencia internacional que se inaugura mañana en el Vaticano y espera que el evento “pueda sensibilizar a las autoridades, a las instituciones políticas y económicas y a la sociedad civil, para que se promueva un modelo de desarrollo que tenga en cuenta la dignidad humana, en el respeto de las normas laborales y del medio ambiente”. Un pensamiento final para la Asociación Meter, que lucha contra la pedofilia:. “¡Ésta es una tragedia!  ¡No debemos tolerar los abusos contra los menores! ¡Debemos defender a los menores y debemos castigar severamente a los abusadores! ¡Gracias por su compromiso y sigan adelante con coraje en esta obra!”. Y, por último, “buen almuerzo y adiós”.