Francisco recibió a los participantes al tercer Encuentro mundial de los movimientos populares. No ceder al miedo que sostiene un sistema en el cual gobierna el dinero, “con el látigo del miedo, de la desigualdad, de la violencia social, económica, cultural y militar”, es la invitación que el Papa hizo a los participantes.

Llevar adelante un “proyecto-puente de los pueblos delante del proyecto-muro del dinero”, un proyecto que debe comprender también la política, contra el ídolo del dinero que “reina en vez de servir, tiraniza y aterroriza a la humanidad” y contra el cual “se rebela toda la doctrina social de la Iglesia”. Es la “necesidad de cambio”, propuesta por el Papa Francisco a lo largo de su largo discurso donde ha invitado y lo ha dirigido a los cerca de cinco mil participantes en el tercer Encuentro mundial de los Movimientos populares, provenientes de más de 60 países.

Francisco ante todo recordó que los movimientos populares son “sembradores de ese cambio, promotores de un proceso en el que confluyen millones de acciones grandes y pequeñas encadenadas creativamente, como en una poesía; por eso quise llamarlos “poetas sociales”; y también enumeramos algunas tareas imprescindibles para marchar hacia una alternativa humana frente a la globalización de la indiferencia: 1. poner la economía al servicio de los pueblos; 2. construir la paz y la justicia; 3. defender la Madre Tierra”.

“Objetivos por los cuales los movimientos reivindican un “trabajo digno: trabajo digno para los excluidos del mercado laboral; tierra para los campesinos y pueblos originarios; vivienda para las familias sin techo; integración urbana para los barrios populares; erradicación de la discriminación, de la violencia contra la mujer y de las nuevas formas de esclavitud; el fin de todas las guerras, del crimen organizado y de la represión; libertad de expresión y comunicación democrática; ciencia y tecnología al servicio de los pueblos. Escuchamos también cómo se comprometían a abrazar un proyecto de vida que rechace el consumismo y recupere la solidaridad, el amor entre nosotros y el respeto a la naturaleza como valores esenciales. Es la felicidad de «vivir bien» lo que ustedes reclaman, la «vida buena», y no ese ideal egoísta que engañosamente invierte las palabras y propone la «buena vida».