Entrevista con la Hermana Nazaret superiora regional de Tierra Santa de las Hermanas del Instituto del Verbo Encarnado, por Ana Paula Morales (twitter @apmorales4)

¿Cómo es la vida apostólica de ustedes en Gaza y Siria?

La comunidad de religiosas que se encuentra en Gaza realiza apostolado parroquial. Colaboran en la pastoral de la única parroquia católica de la Franja de Gaza, atendida por los sacerdotes de la familia religiosa del Instituto del Verbo Encarnado.

La parroquia tiene oratorio de niños, oratorio juvenil, grupos de adolescentes, de mujeres, de familias, se realiza visita a los enfermos, se prepara a los niños para la recepción de los sacramentos.

En Alepo las hermanas también trabajan junto a los sacerdotes de nuestra familia religiosa, colaborando en el trabajo pastoral de la Catedral Latina Niño Jesús. Además las hermanas prestan servicios en el vicariato apostólico latino y están a cargo de la dirección de una residencia para jóvenes universitarias cristianas que vienen desde otras ciudades a estudiar en Alepo.

En ambas misiones el apostolado de la presencia religiosa en medio de las realidades que se viven es realmente alentador para los cristianos, que en la presencia de los consagrados experimentan la cercanía de la Iglesia, que como Madre quiere permanecer al lado de sus hijos que más sufren. Para los fieles el hecho de que los consagrados elijan libremente quedarse allí junto a ellos, pudiendo escoger otro destino misionero, se convierte en un testimonio muy fuerte de la solicitud de la Iglesia por ellos. Por otra parte, para nosotros como misioneros estos destinos constituyen un privilegio, pues nos dan la posibilidad de estar entre aquellos de nuestros hermanos a quienes Dios les ha participado de un modo especial la cruz de su Hijo; tenemos posibilidad de servir a aquellos hermanos nuestros que sufren a causa de su fe.

De acuerdo a la espiritualidad de nuestra familia religiosa y tomando ejemplo del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo que eligió para nacer un lugar pobre, olvidado de los hombres, solo. Así nosotros, queremos estar siempre dispuestos para ir a aquellos lugares de misión donde difícilmente alguien quiere ir. Por eso consideramos una gracia de Dios el poder misionar en estas tierras

¿Cómo han vivido los conflictos en ambos países como religiosas? ¿Cómo viven los laicos cristianos su fe? Si nos puede dar algún testimonio.

La situación de particular dificultad que se vive en estos lugares da la posibilidad de vivir más radicalmente los valores de nuestra vida religiosa. Cuando los misiles caen delante y detrás de su propia casa; cuando uno intenta descansar y siente estremecerse toda la noche la casa por las continuas explosiones; cuando vive casi 20 horas seguidas de bombardeos y enfrentamientos en su propio barrio, cuando sin descanso se oyen sirenas de ambulancias, policías y bomberos; cuando no cesan los tiroteos y las balas entran dentro de su propia casa… ciertamente una religiosa intenta aferrarse más intensamente a las verdades de la fe, prepara su alma para que en cualquier momento que Dios la llame a su presencia esté dispuesta, pone una y otra vez su vida en las manos de Dios y se preocupa permanentemente de como estarán en cada instante sus cristianos.

En tiempos en que hemos vivido los ataques más fuertes hemos hecho lo que dimos en llamar el apostolado de las llamadas telefónicas. Dividimos en grupos la lista de los fieles y cada hermana se ocupaba de contactar a diario las familias cristianas de asegurarse cómo están y si necesitan algo. En algunas oportunidades hemos recibidos en las instalaciones de la Iglesia a los fieles que viven en lugares más atacados y que por tanto corren mayor peligro, hasta tanto disminuían los ataques en las zonas donde ellos vivían. Asimismo visitamos a los fieles para socorrerlos en sus necesidades.

Muchos fieles cristianos, a partir de los grandes sufrimientos que la guerra les ha acarreado han fortalecido su vida de fe. Hemos visto ejemplos admirables de personas que acuden a rezar bajo los bombardeos porque tienen necesidad de nutrir su espíritu con la Eucaristía. Muchos de ellos a veces nos han preguntado con candor; hermana en sus países, donde no hay guerra, que hermoso será ver las iglesias llenas de fieles, es sencillo ir a misa, confesarse, practicar la fe…

En mis años de misión en Alepo nunca escuche una queja porque hace meses que viven sin luz, sin agua o porque la familia tuvo que separarse, o porque perdieron la casa, o porque lloran a un ser querido. Cuando refieren las cosas que les toca sobrellevar culminan con la frase: alhamdulilah! (= gracias a Dios!). Gracias a Dios que sabe por qué suceden las cosas, cuando y a quienes suceden

¿Cómo se ha celebrado la Navidad este año en Alepo? 

Después de varios años de guerra, la Navidad este año ha tenido un matiz casi totalmente distinto en Alepo. En el rostro de la gente se denota esperanza, hay expectativas, los anhelos de la deseada paz se intensifican. Se han silenciado en gran parte los sonidos de estallidos y explosiones. Si ben no podemos hablar de un fin definitivo de la guerra, ciertamente han disminuido en gran parte las tensiones cotidianas que vivía la gente en cada punto de Alepo. En la zona de Azizia colocaron un gran árbol de Navidad en la calle, decoraciones navideñas en las casas, la gente pudo salir nuevamente a sus balcones.

Pasada la Navidad las hermanas llevan la imagen del Niño Jesús que visita las casas de nuestros fieles. Ellos la esperan con un sitio arreglado para el Niño. A pesar de las grandes dificultades que han vivido, de las pérdidas que han sufrido, del dolor profundo que la crueldad de la guerra vivida les ha causado, los fieles no han perdido la fe y mantienen viva la esperanza.