AGENDA INTERNACIONAL | Por Georg EICKHOFF |

El jefe de la policía política de Alemania, Hans-Georg Maaßen, alerta contra la interferencia de Rusia en la actual campaña electoral alemana por medio de ciberataques. Estos obedecen, según él, a la intención de Vladímir Putin de desplazar a Angela Merkel quien se presenta a la reelección. Maaßen pide, para los servicios secretos alemanes, la autorización que permitiría pasar al ataque y responder a Rusia no solamente con medidas defensivas, sino con contraataques digitales. Las elecciones en el mundo se han convertido en un campo de batalla internacional con armas invisibles.

La supuesta manipulación de las elecciones en Estados Unidos por parte de Putin y a favor de Donald Trump ha colocado este tema en el centro de la agenda internacional. Un monumento vivo de la lucha por los derechos civiles como lo es John Lewis, héroe de las marchas de Selma, en 1965, hoy diputado al Congreso de Estados Unidos, se niega a asistir a la toma de protesta de Trump porque lo considera “ilegítimo”. Lewis argumenta que la interferencia rusa invalida la elección.

Tal opinión y postura puede parecer exagerada. Pero llama la atención sobre el hecho de que la legitimidad legal de ganar unas elecciones no basta para ser reconocido como legítimo. Si una autoridad moral de rango nacional y de talla histórica, como Lewis, quien, además, es diputado en la actualidad, le niega su reconocimiento a Trump, esto merma la legitimidad social de este, aunque no afecte su legitimidad formal y legal.

Si acciones internacionales cruzan, invisiblemente, las fronteras como los ciberataques, entonces otro factor internacional de los procesos electorales cobra más importancia. Si “la internacional” de los ciberataques es activa y merma la legitimidad de las elecciones y de los electos, entonces también “la internacional” de la observación electoral debe expandir su terreno.

Desde 1962, la Organización de Estados Americanos (OEA) ha observado más de 240 elecciones en 27 Estados. El año pasado, y por primero vez en la historia, la OEA observó elecciones en Estados Unidos, bajo el liderazgo de la ex presidenta de Costa Rica Laura Chinchilla . Fue, ante todo, un esfuerzo para dar más legitimidad y prestigio a la misma OEA, en su trabajo electoral internacional.

Con las manipulaciones discutidas durante y después de las últimas elecciones, Estados Unidos entra en la lista de sospechosos de distorsiones electorales en la cual encontramos, desde hace mucho tiempo, a México, Nicaragua, Haití, Venezuela y tantas otras naciones.

Quizás, la observación electoral internacional se debería expandir este año a Alemania, Francia e Italia. La Unión Europea, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, la Asociación de Naciones del Sureste Asiático y otros entes internacionales han construido gran capacidad técnica y gran prestigio social para la observación electoral internacional. México mismo ha sido un ejemplo de aprendizaje, en sentido negativo y positivo.

Las elecciones no bastan. Necesitan legitimidad social. Hay nuevos factores internacionales que merman la legitimidad de las elecciones, como los ciberataques. Y hay factores internacionales que la pueden fortalecer, como la expansión de la observación electoral internacional.