PASOS PARA EL PERDÓN Y LA RECONCILIACIÓN | Por Leonel NARVÁEZ GÓMEZ | Fundación para la reconciliación |  Quinto paso hacia el perdón: Rompo cadenas y limpio el dolor |

En los 4 pasos anteriores el logro grande que obtienen las personas ofendidas es generar un giro narrativo  para pasar de la urgencia de venganza a la práctica de la compasión y de la bondad. Ahora en este 5 paso, las personas se preparan para un proceso bastante más difícil: la reconciliación.

Cuando alguien necesita unir los pedazos de una pieza que se ha roto es muy común utilizar pegantes. La primerísima indicación que sugieren los pegantes es: limpie bien las partes. Limpiar las partes es el ejercicio del perdón. Unirlas y sostenerlas presionadas hasta que peguen bien, es el ejercicio de la reconciliación.

Uno de los hallazgos que más tranquiliza a las personas que han sido ofendidas es comprender que puede haber perdón sin reconciliación. Por ejemplo, una mujer que vive con un borrachín violento puede lograr perdonarlo pero no necesita obligadamente reconciliarse con El.  Eso sería lanzarla a una re-victimización constante. Por eso hablaremos de la reconciliación de simpe co-existencia, igual a la relación natural que se crea en un hogar entre perro y gato. A futuro, posiblemente esa pareja logre el nivel superior que se llama reconciliación de convivencia o incluso, más adelante, alcancen a coronar el nivel más elevado que se llama reconciliación de comunión.

Hasta ahora, en este proceso, los grupiños (grupos de 3 personas) han sido fundamentales para generar el giro narrativo que despierta la compasión. El camino de la reconciliación en cambio, ofrecerá otra serie de ejercicios específicamente pensados para recuperar la confianza en el ofensor.

En este paso, los participantes, realizan ejercicios de relajación, y son invitados  a practicar la contracción-relajación con apareamiento simbólico, para ayudarles a sustituir ansiedad por serenidad en un encuentro imaginario con su ofensor para establecer pasos posibles hacia la reconciliación, en cualquiera de las formas de coexistencia, convivencia o comunión, o la que ellos a bien tengan de acordar.

Si en el camino del perdón la víctima es el actor principal, lo es también en el  camino de la con reconciliación. Es la víctima quien  posee la llave de la reconciliación.  De hecho, si no hubiera perdón, lo que se desata, es el dolor, la venganza o la eliminación del ofensor, en reiteradas ocasiones.

Es en este paso cuando las victimas necesitan romper cadenas y limpiar su dolor.  De hecho, en el ritual que marca este momento, los participantes en las ESPERE, amarrados con cadenas simbólicas, son invitados a transitar de un lugar de rabia y rencor a otro lugar de libertad, de alegría, de limpieza, de flores. Allí en ese nuevo lugar, cada uno  rompe sus cadenas, quema sus rabias y rencores y luego purifica  su cara,  sus manos  y su cuerpo con agua limpia, indicando de esta manera,  el mundo nuevo que empieza a partir de ese momento.

Esta fase del perdón termina con fiesta. Los participantes han hecho esfuerzos grandes para superar las narrativas de odio y han logrado niveles elevados de paz interior. Con frecuencia quieren celebrar con ágapes sencillos, cantos y danzas.

Entre el ejercicio del perdón y el ejercicio de la reconciliación es aconsejable dejar un período de 4-5 semanas de distancia. Al regresar del proceso de perdón, un alto porcentaje de participantes testimonian los avances y logros importantes que han tenido en sus vidas. El perdón dijimos, no habrá cambiado el pasado, pero ciertamente si, el futuro.