«El sabio no dice nunca todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice» Aristóteles

Por Tomás de Híjar Ornelas, Pbro.

Bajo la consigna de ser «una institución preocupada del pueblo de México», deseosa de promover «el diálogo y la participación ciudadana», alentar «la confianza del país en sus autoridades e instituciones a favor de la democracia» y «elevar la calidad del debate político», el pleno de la Conferencia del Episcopado de este país (CEM), recibió el pasado 12 de abril, en el marco de su CV Asamblea Plenaria, a los candidatos a la Presidencia de la República en este año electoral 2018, y al día siguiente su Presidencia emitió un mensaje especialmente dirigido quienes se había pedido hablaran cada uno de los siguiente siete temas: el respeto pleno a todos los derechos humanos, la justicia, solidaridad y participación de un «sistema económico humano, que trabaje en la reducción de la pobreza y la desigualdad social; capaz de impulsar a todos a través del empleo digno y la promoción humana», en el marco de «un estado de Derecho fuerte, justo, promotor y defensor de la dignidad humana», abierto a «la transparencia y la rendición de cuentas, que disminuya drásticamente la impunidad y la corrupción», al «fortalecimiento y las condiciones de vida digna para las familias», a la «educación de calidad« que promueva «una cultura solidaria» y a «la protección al medio ambiente».

Luego de escucharlos, la Presidencia de la CEM, publicó un mensaje en el que sustancialmente pidió a los candidatos respeto integral a la libertad de conciencia y la libertad de religión, «lo que implica una relación de colaboración positiva entre las Iglesias y el Estado, enmarcada dentro de la llamada laicidad positiva»; «abatimiento de la pobreza, la generación de oportunidades para todos, el acceso a los servicios elementales, así como la promoción de los más desfavorecidos -entre ellos, muchas mujeres y hermanos indígenas»; «empleos, pero con calidad, promotores de la persona y capaces de ofrecer un salario decoroso»; un orden social que extirpe «la impunidad, la corrupción, la inseguridad, la violencia, la cultura de la muerte», insistiendo en que «nuestro desafío no sólo es legal, sino principalmente cultural».

«Estamos llamados a cultivar la vida, a cuidarla y protegerla para todo ser humano», especialmente en las «periferias existenciales» y un sistema educativo que reconozca a los padres de familia su carácter de «principales responsables de la educación de sus hijos», en el que inspirándose en el modelo propuesto por el Papa Francisco, se reconfigure un pacto educativo «de alta calidad humana y profesional» junto con «las aptitudes y valores trascendentes de la vida» cultivados «a través del arte, el deporte, el escultismo, la cultura, el sano esparcimiento y la vida en común», sin descuidar el «entorno natural y cultural que respiramos y compartimos».

Concluye el mensaje pidiendo a los candidatos campañas interesantes y útiles que sean «ricas en ideas, y no en el dispendio excesivo de recursos económicos» y a no «crear mundos ilusorios, que quizá con el tiempo, puedan generar mayor frustración social».

Que hoy estos encuentros no ya cupulares sino de encuentro y diálogo sean posibles, es algo que inquieta mucho al Papa Francisco, empeñado desde el inicio de su servicio en definir el estatuto teológico de las conferencias episcopales «como sujetos de atribuciones concretas, incluyendo también alguna auténtica autoridad doctrinal», toda vez que «una excesiva centralización, más que ayudar, complica la vida de la Iglesia y su dinámica misionera», según lo expuso hace unos días el consejo cardenalicio C9.

 

Publicado en la edición impresa de El Observador 22 de abril de 2018 No.1189

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