Por Diana R. García B.

Este 6 de agosto, se cumplen 73 años de que fuera usada por primera vez un arma de carácter nuclear contra seres humanos. Se trata de la bomba atómica que Estados Unidos arrojó sobre la ciudad japonesa de Hiroshima, hacia el final de la Segunda Guerra Mundial.

La bomba de Hiroshima mató al instante a cerca de 70 mil personas inocentes, y dañó a tantas otras que en los siguientes meses del año causó la muerte de otras 70 mil más. Es decir, esa sola bomba fue suficiente para causar 140 mil muertes humanas.

Por si fuera poco, tres días después, el 9 de agosto, una segunda bomba fue arrojada por los estadounidenses, esta vez sobre la población civil de la ciudad de Nagasaki. Era más potente que la primera, pero, gracias a que los agresores fallaron por una distancia considerable en el blanco, «sólo» mató instantáneamente a unas 35 mil personas, y a otras 74 mil hasta el cierre del año.

Sumando las cifras de ambas bombas, se está hablando de 249 mil muertos en 1945. Y a la tragedia hay que aumentarle el hecho de que cientos de miles de sobrevivientes quedaron mutilados, ciegos o con otros daños que aún siguen teniendo consecuencias para las siguientes generaciones.

«PARECÍA EL FIN DEL MUNDO»

Tsutomu Yamaguchi era un ingeniero que trabajaba en Nagasaki, pero que el 5 de agosto de 1945 se encontraba en Hiroshima por trabajo. Sufrió quemaduras y contusiones por todo el cuerpo, y tardó dos días en poder volver a Nagasaki, así que el 9 de agosto le tocó vivir la explosión de la segunda bomba. «Aterrado, pensé que las explosiones me estaban siguiendo a mí». Y cuando salió a las calles pensó que había llegado el fin del mundo.

El señor Nobuo Tetsunani estaba la mañana de la primera bomba en casa, mientras su hijito Shinichi, de 3 años, jugaba afuera, en su triciclo. Describe que la explosión destruyó la casa, lo que creó «una explosión tan terrible y un destello tan brillante que era cegador. Pensé que había sido el fin del mundo».

Pero no sólo en Hiroshima y Nagasaki la gente se ha sentido en medio de escenarios del libro bíblico del Apocalipsis. En él no sólo se habla de guerras, sino de terremotos, hambrunas, epidemias, asteroides, caída de fuego, etcétera. La gente, aunque no lea la Biblia, algo ha escuchado del tema, así que cuando las catástrofes ocurren, cada vez es más frecuente que las asocien con el fin del mundo.

María Cecilia Mosquera contó al Papa Francisco en su vista a Colombia, en septiembre de 2017, cómo perdió a toda su familia en un ataque perpetrado por el Ejército de Liberación Nacional; los guerrilleros volaron con explosivos un oleoducto y su pueblo Machuca en octubre de 1998, dejando apenas 30 sobrevivientes. «Creí que era el fin del mundo. Mi casa ardía en llamas. Mientras se quemaban mis brazos y mis pies, intenté desesperadamente salvar a mis tres pequeños hijos y a mi marido. Pero caí inconsciente».

Thimot es el nombre de un joven que decidió alistarse en la Cruz Roja para para ayudar a las víctimas del terremoto de 7.3 grados que devastó su país, Haití, en enero de 2010. Él cuenta: «Cuando ocurrió el terremoto, estaba en casa, en mi habitación; sentía que la tierra temblaba, se movía todo. Y dije: ‘¿Esto es el fin del mundo? ¿O qué?’. Yo estaba listo para el fin del mundo».

Los catalanes Raimon Cusiné y su novia estaban en Nepal cuando ocurrió el terremoto de 7.8 grados del 25 de abril de 2015, y que dejó 7 mil 600 muertos. Se hallaban a pie de calle en el centro de la ciudad de Katmandú cuando el suelo comenzó a sacudirse. «Primero pensé que era un terremoto; a los cinco segundos creía que era el fin del mundo… Era imposible andar, si lo intentabas, te caías», comentó Raimon.

En noviembre de 2015 hubo un atentado suicida perpetrado por el Estado Islámico en Beirut, Líbano. Fue por medio de dos explosiones, causando 41 muertos y cerca de 200 heridos. Uno de los testigos dijo para una televisora local: «Cuando la segunda explosión tuvo lugar, creí que era el fin del mundo».

¿QUÉ TAN CERCA?

En realidad no ha faltado generación en la que algunos sospechen que la suya pudiera ser la del fin del mundo, pero parece que la actual tiene el rating más alto en la historia; el conocimiento científico y la era de la información permiten comprender mejor la fragilidad de la vida humana en la Tierra, que puede ser alterada o suprimida lo mismo por guerra que por accidentes nucleares o eventos naturales (sequías, terremotos, pandemias, etc.),

De las muchas encuestas que se estuvieron haciendo en 2010 acerca del fin del mundo, aprovechando la efervescencia del calendario maya para el 2012, la de Ipsos Global Public Affairs fue de las más amplias pues entrevistó a 16 mil 200 personas en más de 20 países.

Extrapolando los resultados, se deduce que en promedio casi el 15% de la población mundial cree que el fin del mundo llegará durante su vida.

Entre los países en que más del 20% de su población espera un fin del mundo en los próximos años figuraron sorpresivamente China (país comunista, donde el 52% de su población dice no tener religión) y Rusia (país ex-comunista ateo). También fue una sorpresa que en el otro extremo se ubicaran países que en el pasado fueron cristianos: Bélgica, donde sólo el 7% de su gente espera el fin del mundo; Gran Bretaña, con un 8%, y Francia, con apenas el 6%.

LA SEGUNDA VENIDA

Ahora bien, en el caso específico de los cristianos no pueden concebirse los escenarios apocalípticos sin pensar, en última instancia, en la Segunda Venida de Cristo, o Parusía. Todos los domingos millones de cristianos rezan la oración del Credo en la que, refiriéndose a Jesús, recitan: «y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos». Por eso la ya citada encuesta preguntó entre ciudadanos estadounidenses si creían que Jesucristo podría regresar en los próximos 40 años; la respuesta fue que sí sólo para el 47% de los cristianos en general, pero dividiéndolos en categorías, el 58% de los protestantes dijo creer que Jesucristo definitiva o probablemente regresaría a la Tierra antes de 2050, mientras que entre los católicos sólo el 32% lo creyó así.

En una encuesta distinta, realizada más o menos por el mismo tiempo entre seminaristas católicos estadounidenses, arrojó que apenas el 2% creía en una Segunda Venida literal.

¿Por qué parece ser que los protestantes creen más que los católicos en el retorno de Cristo? Seguramente tiene que ver con las predicaciones que escuchan, pues muchas religiones del protestantismo tienen en los temas de la Segunda Venida su hilo conductor, mientras que en la Iglesia católica son asunto casi silenciado. La mayoría de los fieles católicos no ha escuchado una sola homilía en sus parroquias referente al asunto, a pesar de que los Papas —por ejemplo san Juan Pablo II y Benedicto XVI— sí predicaron sobre el fin del mundo y el retorno del Señor; además, en las apariciones de la Virgen María en Kibeho, Ruanda (1981-1989), aprobadas por la Iglesia en 2001, el apremiante mensaje era claro: «El mundo está llegando a su fin. El regreso de Jesús está muy cercano».

CREER O NO CREER

A decir del presbítero católico Ernest Ben Odevecq, «la idea y la actitud que la mayoría del clero católico tiene en la actualidad sobre la Segunda Venida de Cristo es muy variada, equivocada en algunos aspectos, despreocupada y hasta molesta. Algunos creen que en el fin de los tiempos toda la Tierra se va a destruir y no va a quedar nada; eso les produce miedo y prefieren pensar que todos esos vaticinios no son ciertos y dudan de la Palabra del Señor y razonan diciendo: ‘¿Cómo se van a caer las estrellas?, la ciencia dice que nuestro sistema solar durará varios millones de años todavía’. Otros piensan que el Reino de Dios del que habla Jesús ya está aquí… Otros más piensan que Jesús tal vez nunca venga de nuevo… y que la Segunda Venida se refiere a cuando cada individuo lo recibe en su conversión… Y, aunque cada quien tiene su propia teoría, todos coinciden en que ¡no hay que preocuparse! Pero, ¿cómo no me voy a preocupar si sé que mi Salvador vuelve? ¿Cómo no me voy a preocupar si tengo que hacer los preparativos para recibirlo lo mejor que pueda? ».

Jesús enseña que, «en cuanto a ese día y esa hora, nadie los conoce, ni los ángeles del Cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre» (Mt 24, 36); pero ésa es precisamente la razón por la que el Señor insta a que los cristianos estén permanentemente preparados, y atentos para leer los signos de los tiempos, pero sin miedo. Vivir ignorantes, como si nada fuera a pasar, no es estar preparados.

TEMA DE LA SEMANA: ¿QUÉ TAN CERCA ESTAMOS DEL APOCALIPSIS?

 

Publicado en la edición impresa de El Observador del 29 de julio de 2018 No.1204