Por Luis-Fernando Valdés

Inicia el sínodo de los obispos para hablar de la vinculación de los jóvenes con la Iglesia, en un momento en que los escándalos están ahuyentando de la fe a las nuevas generaciones. ¿Cómo podrá el Papa volver a acercar a los jóvenes a la Iglesia?

Un contexto complejo

En medio de una crisis mundial por las denuncias de abuso sexual, inicia el Sínodo de Obispos de la Iglesia católica cuyos temas centrales son los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional.

Durante la reciente visita apostólica a Estonia, Francisco reconoció que la «Iglesia debe renovar su vínculo con los jóvenes y escuchar mejor». El Pontífice lamentaba que los recientes escándalos de abusos por parte del clero hayan alejado de la fe a los llamados «millennials».

El cardenal brasileño Sergio Da Rocha, relator de este evento, afirmó durante la presentación del sínodo que «se escuchan voces que culpan a los jóvenes de haberse alejado de la Iglesia, pero muchos han vivido situaciones que les han llevado a afirmar que es la Iglesia la que se aleja de ellos».

Un sínodo dirigido a los jóvenes

Estas circunstancias hacen más compleja la reunión de obispos cuya temática sobre los jóvenes ya estaba programada desde el año pasado. En este sínodo están presentes 266 obispos de todo el mundo, junto con 23 expertos y 36 jóvenes.

Se debatirán los temas que preocupan a las nuevas generaciones. El documento preparatorio (Instrumentum laboris), acepta que «muchos jóvenes católicos no siguen las indicaciones de la moral sexual de la Iglesia», y recomienda que «la cuestión de la sexualidad debe discutirse más abiertamente y sin prejuicios».

No faltarán tampoco preocupaciones constantes en el discurso de Francisco: la inmigración, el trabajo y la llamada «cultura del descarte», junto con el problema de la migración de los jóvenes. (La razón, 3 oct. 2018)

La estrategia del Papa

Para poder ayudar a los jóvenes en su camino hacia la fe, Francisco ha marcado el método a seguir durante esta reunión eclesial: escucharlos. «Una Iglesia que no escucha –afirmó en la inauguración del sínodo– se muestra cerrada a la novedad, cerrada a las sorpresas de Dios, y no podrá resultar creíble, en especial, para los jóvenes que, inevitablemente, se alejarán en lugar de acercarse».

El Pontífice comentó que las fases previas a este sínodo pusieron en evidencia una Iglesia «en deuda de escucha» a los jóvenes. Y reconoció que por eso, muchas veces, las nuevas generaciones «no se sienten comprendidas en su originalidad y, por tanto, no escuchadas como son en realidad y, en ocasiones, incluso rechazadas».

Epílogo

Los jóvenes de hoy están abiertos a Dios, a lo sobrenatural, a algo más allá,  pero muchas veces no conectan con el modo de transmisión que utilizan los pastores de la Iglesia, los catequistas y los propios padres de familia.

Por eso el gran reto de hoy para atraer a las nuevas generaciones consiste en escucharlos. Y al mismo tiempo, para ser escuchada, la Iglesia tiene otro desafío: la autenticidad, el testimonio de coherencia entre lo que se profesa y lo que se vive. Sólo así se superará el grave problema de los escándalos.

www.columnafeyrazon.blogspot.com

Publicado en la edición impresa de El Observador del 14 de octubre de 2018 No.1214

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