Historia con reflexión. Si sientes palpitar tu corazón en su presencia eso no es amor: es sólo sensibilidad

Por Modesto Lule MSP

Oye, Marta, dime si se me ve bien este vestido. –Claro que sí, además ese prendedor te hace muy bonita combinación. –Gracias Martita. Marta y Susana se dirigían a la pequeña plaza de su pueblo. Eran los primeros días de diciembre y comenzaban a llegar los jóvenes que se encontraban en Estados Unidos. Todos los que llegaban se reunían en las horas de la tarde en la pequeña plaza del pueblo para elegir a su futura novia. Marta y Susana buscaban también un novio y para eso acudían a ese lugar muy bien arregladas.

–Mira, Susana, ahí está David, el hijo de doña Juana. –Sí, ya lo vi. – ¿Verdad que es guapísimo? –No es cierto, yo creo que está más guapo su amigo Carlos.

–Pues a mí me gusta más David y espero que nos inviten al baile de esta noche.

David y Carlos se encontraban escuchando música a todo volumen en una camioneta con placas norteñas. Ellos no perdían tiempo y al vislumbrar a las dos jovencitas, las abordaron rápidamente: la cita estaba hecha para esa noche, en el baile. Marta se sentía ilusionada; de camino al baile, su abdomen sentía ese cosquilleo extraño que todos hemos sentido alguna vez.

–Creo que me he enamorado, Susana, con nadie me había pasado esto; me siento tan extraña y no sé qué va a pasar esta noche. Marta y Susana se encontraban fuera de sí, pero apenas comenzó el baile, no dejaron una pieza sin bailar. A media hora de haber comenzado el baile, David y Marta ya no se soltaban de la mano, lo mismo que Susana y Carlos. Mientras transcurría la noche, David y Marta se hicieron novios y mucho antes de terminar el baile, sus bocas se fundían en un beso apasionado.

A la tarde siguiente se podía ver a David agazapado cerca de la casa de Marta y tiempo después, a ambos, escondidos en las sombras cerca de la casa.

Los besos y caricias eran parte del encuentro. Su amor a David –según Marta– crecía desmesuradamente, y verlo dos horas cada noche le parecía poco tiempo. Transcurrió así la mitad del mes de diciembre y Marta no se apartaba los días domingo de David. Los padres de Marta se sentían contentos, pues ya aseguraban la boda entre el norteño y su hija. Todo avanzó como soñaron y a finales de diciembre quedó planteada la fecha de la futura boda, sólo que ella se tenía que esperar hasta el nuevo regreso de David, pues él tenía que juntar los dólares para la fiesta. Marta comenzó a hacer la cuenta regresiva para la fecha del acontecimiento. Su amiga Susana se fue con Carlos a los Estados Unidos. No pasó mucho tiempo sin que Marta comenzara con muchos mareos y vómitos continuos. A finales de enero se dio cuenta de que estaba embarazada. Ahora la boda se tenía que adelantar, si no quería que se hiciera un escándalo. Los intentos por comunicarse con David fueron exhaustivos e inútiles. Nunca pudo localizar a David, y curiosamente, siempre contestaba una mujer en ese número telefónico que había dejado. Tiempo después supo que David vivía en amasiato y que tenía dos hijos. Después de mucho tiempo Susana, que vivía en USA, se separó de Carlos.

Tanto en la vida de Marta como en la de Susana hubo un cambio radical y doloroso por no saber conducir sus vidas. El matrimonio es un éxito cuando el noviazgo fue un éxito, dicen los profesionales del tema. El noviazgo no es para gozar del momento presente, es para preparar un mejor matrimonio. Dejarse llevar por el amor a «primera vista» es como tirarse de un avión sin paracaídas. Dejarse llevar por la pura belleza es otro gran error, porque cuando el amor se basa sólo en la belleza, ese amor será tan efímero como la belleza misma. Ya lo dice Quoist: «si te encandilas ante su belleza, eso no es amor, es sólo admiración.

«Si sientes palpitar tu corazón en su presencia eso no es amor: es sólo sensibilidad. Si ansías una caricia, un beso, un abrazo, poseer de alguna manera su cuerpo, eso no es amor: es sólo sensualidad. Pero si lo que deseas es su bien, aun a costa de sacrificio, enhorabuena: has encontrado el
verdadero amor».

Hay muchos que cuando son novios no recurren a Dios porque piensan que Él les va a impedir buscar la felicidad. El Papa Juan Pablo II dice: «Actúen en todo momento como si Cristo los estuviese mirando». Prepararse como cristianos para la vida matrimonial es caminar necesariamente de la mano de Dios. El amor implica siempre una crucifixión y ningún hombre puede soportar esa crucifixión sin apoyarse en Dios.

Hasta la próxima.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 18 de noviembre de 2018 No.1219