El último informe del Anuario Pontificio reconoce que la población católica está disminuyendo. La más grande disminución se centra en los jóvenes de 16 a 29 años de edad.

Una de las conclusiones del círculo hispánico del Sínodo de los Jóvenes dice: «Las bancas de nuestros templos están vacías por falta de sintonía con la gente y especialmente con los jóvenes, por lo que se necesita una liturgia más participada, cantos, moniciones, ofrendas, reglas de oraciones y plegarias. Si los jóvenes abandonan la celebración de la Eucaristía, es un primer síntoma de pérdida hasta de fe. Hemos dejado de hablar el lenguaje actual y cada vez nos entendemos con menos gente. Necesitamos reaprender como parte de la conversión pastoral».

Si no hay jóvenes en la celebración de la Eucaristía, difícil será que haya vocaciones sacerdotales. El mismo Anuario da cuenta que el número total de sacerdotes en el mundo también ha disminuido, alcanzando una cuota de 414,969 (687 sacerdotes menos que el 2017). Y señala una disminución considerable en Europa (menos 2,583 sacerdotes) a la que se suma este año América (menos 589).

Podemos consolarnos con la justificación de que el catolicismo puede sobrevivir con un puñado de fieles. Las bancas vacías de los templos, la disminución de los católicos en el mundo, de sacerdotes en Europa y América nos llaman a otra cosa: al trabajo en conjunto, al apoyo de laicos y sacerdotes, a olvidarnos de que esto es tuyo y esto es mío para fundar el nosotros. La comunidad de Cristo.

Por eso era necesario este Sínodo: porque ya no vamos a convencer a los jóvenes ni con estampitas ni con «buena onda». Hay que darles la bienvenida, sí, pero también hay que desafiarlos desafiándonos con valor, coraje y comprensión. Como lo haría Jesús.

TEMA DE LA SEMANA: ¿ECLIPSE O AURORA DE LA FE?

Publicado en la edición impresa de El Observador del 28 de octubre de 2018 No.1216