«En la escuela de María aprendemos a caminar el barrio y la ciudad no con zapatillas de soluciones mágicas, respuestas instantáneas y efectos inmediatos»

Por  Javier Lozano

El Papa Francisco presidió el miércoles 12 de diciembre, en la basílica de San Pedro, una Eucaristía en honor a la Virgen de Guadalupe. Recordando las palabras del Magnificat, el Papa dijo en su homilía que «María nos enseña que, en el arte de la misión y de la esperanza, no son necesarias tantas palabras ni programas, su método es muy simple: caminó y cantó».

Según el Papa, María se convirtió en la primera «pedagoga del Evangelio» que «recuerda las promesas hechas a nuestros padres y nos invita a cantar la misericordia del Señor».

‘¿NO ESTOY AQUÍ YO, QUE SOY TU MADRE?’

Francisco explicó que «la Virgen María caminó al Tepeyac para acompañar a Juan Diego y sigue caminando en el continente cuando, por medio de una imagen o estampita, de una vela o de una medalla, de un Rosario o un Ave- maría, entra en una casa, en la celda de una cárcel, en la sala de un hospital, en un asilo de ancianos, en una escuela, en una clínica de rehabilitación … para decir: ‘¿No estoy aquí yo, que soy tu madre?’.

«Ella más que nadie sabía de cercanías. Es mujer que camina con delicadeza y ternura de madre, se hace hospedar en la vida familiar, desata uno que otro nudo de los tantos entuertos que logramos generar, y nos enseña a permanecer de pie en medio de las tormentas», subrayó el Pontífice argentino.

«Escuela de María», dijo en varias ocasiones Francisco. En ella, aseguró, «aprendemos a estar en camino para llegar allí donde tenemos que estar: al pie y de pie entre tantas vidas que han perdido o les han robado la esperanza».

Francisco prosiguió su homilía incidiendo en que «en la escuela de María aprendemos a caminar el barrio y la ciudad no con zapatillas de soluciones mágicas, respuestas instantáneas y efectos inmediatos; no a fuerza de promesas fantásticas de un seudo-progreso que, poco a poco, lo único que logra es usurpar identidades culturales y familiares, y vaciar de ese tejido vital que ha sostenido a nuestros pueblos, y esto con la intención pretenciosa de establecer un pensamiento único y uniforme».

En esta escuela mariana, volvió a insistir el Papa, «aprendemos a caminar la ciudad y nos nutrimos el corazón con la riqueza multicultural que habita el Continente; cuando somos capaces de escuchar ese corazón recóndito que palpita en nuestros pueblos y que custodia —como un fueguito bajo aparentes cenizas— el sentido de Dios y su trascendencia, la sacralidad de la vida, el respeto por la creación, los lazos de solidaridad, la alegría del arte del buen vivir y la capacidad de ser feliz y hacer fiesta sin condiciones. Ahí llegamos a entender lo que es la América profunda».

LA VIRGEN «BRINDA CORAJE»

La Virgen María «brinda coraje, enseña a hablar y, sobre todo, anima a vivir la audacia de la fe y la esperanza», agregó Francisco. De esta manera «ella se vuelve trasparencia del rostro del Señor que muestra su poder invitando a participar y convoca en la construcción de su templo vivo. Así lo hizo con el indiecito Juan Diego y con tantos otros a quienes, sacando del anonimato, les dio voz, les hizo conocer su rostro e historia y los hizo protagonistas de esta nuestra historia de salvación».

«El Señor no busca el aplauso egoísta o la admiración mundana. Su gloria está en hacer a sus hijos protagonistas de la Creación. Con corazón de Madre, ella busca levantar y dignificar a todos aquellos que, por distintas razones y circunstancias, fueron inmersos en el abandono y el olvido».

En María, dijo el Santo Padre, el Señor desmiente «la tentación de dar protagonismo a la fuerza de la intimidación y del poder, al grito del más fuerte o del hacerse valer en base a la mentira y a la manipulación. Con María, el Señor custodia a los creyentes para que no se les endurezca el corazón y puedan conocer constantemente la renovada y renovadora fuerza de la solidaridad, capaz de escuchar el latir de Dios en el corazón de los hombres y mujeres de nuestros pueblos».

Por ello, el Papa explicó que María, «pedagoga del evangelio», caminó y cantó «nuestro Continente y, así, la Guadalupana no es solamente recordada como indígena, española, hispana o afroamericana. Simplemente es latinoamericana: Madre de una tierra fecunda y generosa en la que todos, de una u otra manera, nos podemos encontrar desempeñando un papel protagónico en la construcción del Templo santo de la familia de Dios».

«Hijo y hermano latinoamericano, sin miedo, canta y camina como lo hizo tu Madre», concluyó Francisco.

Fuente: Cari Filli

Publicado en la edición impresa de El Observador del 23 de diciembre de 2018 No.1224