En la arquidiócesis de Guadalajara hay un sacerdote, José Luis González Santoscoy, mejor conocido como el padre «Pollo», que ha hecho de los medios digitales y de la «magia» exitosas herramientas de evangelización

Por Chucho Picón

Padre «Pollo», ¿cómo comenzó su aventura con los medios digitales?

▶ Comenzó poniendo al servicio de Dios mis capacidades y talentos. Antes de entrar al seminario estudié ingeniería en sistemas, y mi pasión son los medios. Así que yo lo asumí como una manera de comunicar mi experiencia de Dios, sabiendo que los jóvenes están las 24 horas del día con los medios de comunicación.

Así que empezamos con la magia evangelizadora, ofreciendo contenidos frescos y atractivos para los chavos.

¿Cuál ha sido la clave del éxito de sus transmisiones, que suelen ser vistas y compartidas por miles?

▶ No podría decir desde el aspecto humano cuál es la clave, porque creo que Jesucristo es el que hace que se difundan las publicaciones, los videos y demás medios, y uno simplemente tiene que hacer las cosas bien hechas, con amor, con entrega, y Él es el que se encarga de lo demás. ¿Cuál es el secreto entonces? ¡Pedirle a Dios!

¿Antes de ser sacerdote es evangelizador, o primero sacerdote y luego evangelizador? ¿Cómo podría explicarnos esto?

▶ Yo tuve una conversión. Entré al seminario a los 24 años, cuando había estado a punto de casarme; tenía proyectos de matrimonio cuando una experiencia de aborto me hizo cambiar totalmente mi vida: me hallaba en el extranjero, estudiando mi carrera de sistemas computacionales, y esa experiencia me marcó profundamente, haciéndome una llamada el Señor. Yo me consideraba una católico comprometido, pero ahí descubrí mi necesidad de Dios.

Así que el sacerdote nace de experimentar la gracia, el amor y la misericordia de Dios.

¿La experiencia fuerte del aborto fue en relación con alguien que usted quería?

▶ Sí. El bebé no era mío, hay que aclararlo, pero mi experiencia fue de acompañar y responsabilizarme de una chica en un país donde está legalizado el aborto. Mi experiencia fue toparme con veinte personas que habían abortado y no ver en ellas alegría ni satisfacción ni un rostro pleno.

Eso me llamó muchísimo la atención. Yo le hablaba a mi novia, que estaba aquí, en México, de mi experiencia y de cómo después acerqué a los chavos al encuentro con Dios e hice un retiro. Recuerdo sus palabras: «Amor, ¿ya le preguntaste a Cristo qué quiere de tu vida?». Y yo contestaba: «Ya, y ahora que regrese nos vamos a casar». Pero ella me dijo: «Pregúntale, porque se me hace que te quiere para que des a conocer su Amor».

Así es como, a través de esa experiencia, el Señor me llamó a su amor.

Hay información por ahí que dice que usted, padre, era mago. ¿Cómo es eso? A alguno puede aterrarles el término «magia»; pero esta «magia» es especial, ¿no?

▶ Sí. Una de mis pasiones siempre ha sido la «magia». A veces me dicen: «Padre, pero la Biblia, la Palabra de Dios, condena la magia». Lo que pasa es que esta «magia» que yo hago es en realidad prestidigitación, es decir, una habilidad con las manos como cualquier otra habilidad.

Yo la uso como una herramienta pedagógica para poder transmitir el mensaje de la fe. Siempre traigo «magia» conmigo para poder compartir el mensaje del Señor. En Guadalajara varios sacerdotes tenemos un espectáculo al año que se llama «Cinco magos con sotana», en el que compartimos el mensaje del Señor, dándole un toque evangelizador y de fe.

¿Por qué lo llaman padre «Pollo»?

▶ Desde que estaba yo chico, en el jardín de niños, siempre he estado güerito, gordito y tragón, y cuando me acababa mi sándwich todas las moronas que habían caído en el piso me las comía, por lo que decían que yo parecía un pollo. Y en el seminario todos tenemos apodo, así que se me quedó el de «Pollo». Así que ahora soy el padre «Pollo», así me conocen. Me fascina, 34 años de mi vida me han dicho así;

Padre, ¿cuál es su consejo para no caer en la obsesión de los likes y en la soberbia en las redes sociales?

▶ Un consejo me dio mi director espiritual cuando yo caí en una crisis de soberbia, siendo yo tutor de un grupo de jóvenes y sintiéndome desesperado porque sentía que no eran tomados en cuenta mis consejos y mi trabajo. Y este mismo consejo lo aplico a las redes sociales. Él me dijo: «¿Quieres ser santo y tener éxito espiritual? Entonces tienes que ser como un puente, y el puente tiene tres características: El puente comunica; si lo que tú haces comunica, valió la pena. El puente, para poder comunicar, debe ser pisoteado. Y después de que el puente comunica a las personas y las hace llegar a otro lugar, aparte de ser pisoteado es olvidado, porque nadie recuerda el puente. Así que date cuenta de que eres solamente un medio, que debes comunicar, y que al final de cuentas el importante siempre debe ser Cristo».

¿Qué mensaje tiene para los jóvenes?

▶ Mi consejo no es personal sino que lo dio el mismo san Pablo: «No te canses de hacer el bien». A veces podemos caer en esa rutina, en esa desesperación de pensar que el mal está triunfando, y créeme que no. Hay una campaña que dice que somos más los buenos, y creo que es cierto. Así que no te canses de hacer el bien, no te canses de evangelizar, de formar: porque todo lo que tú hagas es para el Reino de los Cielos.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 25 de noviembre de 2018 No.1220