Por Sergio  Ibarra

Las cuatro mujeres se aproximaban en el crepúsculo con la intención de colocar aromas al cadáver del Maestro y orar por Él, con la tristeza de su partida. Se acercaban al momento en que develarían a toda la humanidad el milagro más importante, el más trascendente de todos y cada uno de los que Jesús, el Cristo, hizo en su estancia en la Tierra.

Cuando llegaron al lugar, la oscura entrada a la cueva donde descansaba el cuerpo de Jesús se encontraba abierta. Incrédulas,  se quedan mirando sin saber qué hacer. La luz del día empezaba a asomarse. Una de ellas, armándose de valor se acerca a tantear el umbral. La luz dejó ver que la gran piedra que ellas mismas habían visto cómo se colocaba dos días antes, estaba al lado.

Trataron de buscar alrededor alguna respuesta, una explicación a lo que estaba sucediendo: ¿quién?, ¿cómo?, ¿por qué?

Cualquier suposición era válida: quizás los judíos habían robado a Jesús, quizás la sepultura les parecía demasiado para un ajusticiado y el cuerpo de Jesús lo habían arrojado a la fosa común; o, a lo mejor, los mismos romanos lo habían hecho.

Pero también era válido pensar: ¿Qué pasa si Jesús sigue descansando ahí adentro? ¿Entrar o no entrar?  El amanecer continuaba, ¿cómo regresar y contar lo que habían visto? Era necesario saber si estaba o no el cuerpo de Jesús.

Al entrar la luz del sol, se decidieron a entrar. Al principio no se veía nada; sin embargo, otra sorpresa vuelve a ocurrir: un joven vestido de blanco se encontraba sentado en el interior, junto a la sábana que había cubierto a Jesús:

«No os asustéis. El que buscáis no está aquí: ha resucitado. ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? ¿No recordáis lo que dijo en Galilea, que sería entregado a los pecadores y resucitaría al tercer día? Id y decid a sus hermanos que Jesús ha resucitado y que pronto volverán a verle» (Evangelio según san Juan).

Hoy debería ser el día más especial de todas las fiestas y tradiciones cristianas, más que la misma Navidad. Celebramos la Pascua, el paso de la muerte del pecado a la vida, el paso a la amistad con Dios. Hoy  debería ser la fiesta más relevante, el día que distingue a Jesús el Cristo como el Hijo de Dios, el Hijo que ha resucitado.

TEMA DE LA SEMANA: PASCUA, LA FIESTA DE LAS FIESTAS
Publicado en la edición impresa de El Observador del 1 de abril de 2018 No.1186